sábado, 26 de noviembre de 2016

Ruido y fuego en un país alterado, Por Carlos M. Reymundo Roberts

Ruido y fuego en un país alterado

Por Carlos M. Reymundo Roberts
Carlos M. Reymundo Roberts

Los políticos argentinos son incorregibles: me voy unos días y cuando vuelvo encuentro todo alterado. No se los puede dejar solos. Ruido en las calles, en el Congreso, en el Gobierno. Hasta se oye gritar a espíritus habitualmente templados. Fíjense Roberto Lavagna. Lo encontré hace poco en una reunión en la Universidad Di Tella y cuando le propuse una entrevista se excusó con un argumento que sonaba consistente: "Le agradezco mucho, pero mi contribución a este momento tan especial es callar. No avivar el fuego. ¿No se dio cuenta de que no estoy apareciendo en ningún medio?" Bueno, sí, me había dado cuenta. Justamente, quería tener el privilegio de ser el primer periodista que lo sacara de ese mutismo monacal. Imposible. Como un soldado de la democracia, estaba firme en su aporte a la gobernabilidad. Pasó un mes y don Roberto decidió hacer un nuevo aporte, esta vez ligeramente distinto. Habló. Comparó a Cambiemos con la última dictadura y dijo que vamos al colapso. Wow. Cuando los bomberos se convierten en piromaníacos es un problema.

Su jefe, Massa, llegó a la misma conclusión: es hora de diferenciarse del Gobierno, al que encuentra -me dijo sorprendido- fuerte en lo político y débil en lo económico. Él creía que la cosa iba a ser al revés. Pues bien, puso manos a la obra. Esta semana le armó un flor de bolonqui metiendo presión en Diputados con una modificación al impuesto a las ganancias que beneficiaría a muchos, pero a costa de un fuerte incremento del déficit fiscal. Aclaro, antes de que me llame Sergio: ellos proponen solventar el costo de la reforma con gravámenes al juego, a la renta financiera y a la minería. Y también aclaro, antes de que me llame Marcos Peña: en el Gobierno se preguntan por qué esas ideas brillantes no se le ocurrieron cuando era jefe de Gabinete de Cristina. Te contesto, Marcos: si algo no podías tocarles a los Kirchner eran las ganancias.

Creo que la clave la dio otro espíritu sosegado, Emilio Monzó, presidente de la Cámara baja: llamó a peronizar el Gobierno. Quiere sumar al Flaco Randazzo, a Juan Manuel Urtubey, a Julián Domínguez. No a cualquier peronista: sólo a los que, como él, hayan estado a las órdenes de Néstor y Cristina. Incluyó en la nómina a un ex menemista, ex duhaldista y ex kirchnerista: Felipex Solá. Monzó tiene un problema que no es político ni ideológico, pero que ha condicionado su militancia en el PJ: es rubio y de ojos celestes. Sus viejos compañeros de ruta dicen que terminó donde tenía que terminar. Con un Newman boy. ¿Cuando el blondo Emilio afirma que Cambiemos como alianza no existe y cuando le abre las puertas de par en par al peronismo, va por una reivindicación capilar? Pienso que no. Desde la jefatura de la Cámara viene haciendo un gran trabajo, que todo el mundo le reconoce. Pero el tipo está cansado. Las continuas negociaciones para la aprobación de leyes lo tienen con la lengua afuera. No se imagina cuatro años de ese trajín infernal. "Arreglemos con ellos -reflexiona en la intimidad-. Enfrentemos al massismo con mucho peronismo." Mauricio, dale un descanso a este muchacho. Va a terminar diciendo que nadie camina la provincia en helicóptero como Scioli. Que necesitan a Ottavis para animar fiestas populares. Que un egresado de Harvard como Máximo no puede ser desaprovechado.

Lo increíble del debate por Ganancias es que haya coincidido con el nuevo cálculo de la fortuna de Lázaro Báez, que ahora es de 2250 millones de pesos. Por Dios, no quiero imaginarme los estragos que ha hecho el maldito impuesto en los ahorros de este esforzado obrero de la construcción. A Lázaro no hay semana en la que no le descubran nuevas propiedades: ya le encontraron más de 300 en por lo menos 10 provincias (aprovecho: lo acabo de chequear con mi contador y la casa en la que vivo es mía, no es de Báez). Cada vez que el juez le dice: "Señor, no sabíamos que tenía esta chacra en Chubut, esta estancia en Río Negro, estas casas en Pinamar, esta quinta en Pilar...", Lázaro se sorprende. "Yo tampoco. ¿Están buenas?" Semanas atrás le preguntaron por qué había cientos de inmuebles que nunca declaró. "Soy de perfil bajo. No me gusta hablar con los medios."

En la causa por el dólar futuro, ayer Bonadio iba a interrogar a Cristina sobre cosas parecidas, al someterla, como está previsto en esta instancia del proceso, a un informe socioambiental. "¿Cuánto dinero tiene?" "¿Le alcanza para vivir?" "¿Cuánto gasta por día?" Un ejercicio de crueldad extrema. Cómo puede saber Cristina cuánta plata tiene. ¿En el país, en Suiza, en las Seychelles? Cuánta plata gasta por día en qué: ¿en ropa, en makeup, en abogados, en mantener alineado al FPV residual? Pero la señora montó un reality en Río Gallegos y no se presentó en Comodoro Py porque odia hablar de esas cosas con los jueces. No quiere que lleguen a la conclusión de que se las da de ricachona.

El país vive un momento en el que la economía parece impregnarlo todo. Hasta lo menos pensado. ¿Sigue siendo el empresario Nicky Caputo el hermano del alma de Macri? ¿Se siente perjudicado por alguna decisión del Gobierno? ¿Es un distanciamiento pasajero, como otros que han tenido?

Mis preguntas son como las de Bonadio. Por ahora no tienen respuesta.

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