domingo, 27 de noviembre de 2016

Carrió quiere exorcizar a Macri, por Eduardo Van Der Kooy

Carrió quiere exorcizar a Macri

por Eduardo Van Der Kooy







Mientras estaba enfrascado en desentrañar las razones de la prolongada meseta económica, Mauricio Macri tomó de nuevo conciencia sobre la fragilidad política de Cambiemos. La alianza oficialista había realizado su relanzamiento hace exactamente un mes. Con sonrisas de ocasión y pocas palabras. El Presidente soñaba con conservar siquiera hasta fin de año esa fotografía. Pero la semana volcánica que tuvo Elisa Carrió sepultó tal ilusión.

La diputada exhumó en la fiesta quinceañera de la Coalición su condición de líder moral. Señaló con nombre y apellido a dos personas a las cuales no piensa conceder ninguna tregua: Daniel Angelici y Ricardo Lorenzetti. El titular de Boca Juniors y amigo de Macri y el mandamás de la Corte Suprema. Su expedición continuó con una denuncia penal contra tres funcionarios del ministro de Energía. Adujo negociaciones incompatibles con la función pública. Juan José Aranguren quedó en estado de shock. La diputada es mucho más amiga suya que el propio Macri. Casi por influencia de ella llegó donde llegó.

La oleada volvió a disparar las dudas del Presidente sobre cómo manejar su relación con Carrió. Se trata de un dilema que envuelve a la mayoría de los dirigentes del PRO. Los radicales están curtidos desde las épocas de la Alianza de Fernando de la Rúa. Tantas son las prevenciones del macrismo que algunas de sus figuras prominentes –María Eugenia Vidal y Horacio Rodríguez Larreta– quedaron celebrando en la fiesta de la Coalición la andanada de la diputada contra Angelici y Lorenzetti. La gobernadora y el jefe porteño se curan en salud. Carrió aseguró que el año próximo será candidata. Nunca aclaró si por Capital o Buenos Aires. El enigma los forzaría a ser muy prudentes.

El Presidente ha comenzado a interpelarse sobre la metodología del vínculo con la diputada. Tal vínculo es politicamente ineludible. Pero aspira a garantías diferentes. Complicado. Dedica horas a los encuentros personales con Carrió. Los entendería como una especie de terapia para controlar a la mujer. Pero ella posee la velocidad de una liebre: “Suponen que me contienen. Pero yo les anticipo lo que estoy dispuesta a hacer”. Ha sellado con Macri una relación cordial. Aunque presume que el ingeniero continúa arrastrando un costado oscuro de su historia cuyo origen habría que rastrearlo en las raíces familiares. La diputada estaría dispuesta a exorcizarlo de todos aquellos males que lo acecharían.

Macri no es el único que se desayuna tarde cuando Carrió arranca. El lunes a la noche estuvo cenando con Fabián Rodríguez Simón, asesor presidencial en materia judicial, y Jose Torello, jefe de asesores de Macri. Ariete, por otra parte, para diseñar los intentos fracasados en el objetivo de desplazar de la procuradora general Alejandra Gils Carbó. Ambos creyeron que la ofensiva de la diputada había quedado circunscripta a Angelici y Lorenzetti. Al día siguiente la bomba cayó cerca de Aranguren. Al ministro le había llegado, por la misma cuestión, un pedido de acceso a la información pública de la diputada Margarita Stolbizer. Ese acceso fue liberado. Pero Carrió estampó directamente una denuncia de tres carillas que cayó en manos del juez Claudio Bonadio.

Carrió no está dispuesta a sacarle el pie de encima a Angelici. Sería una de las antiguas manchas oscuras de Macri. Con un encanto especial para la misión que persigue la diputada. El titular de Boca enlaza cuatro planos conflictivos: el fútbol, signado por la violencia y los barrabravas; el juego, donde figura como miembro de la Cámara Argentina de Salas de Bingo y Anexos; la política, por su lábil procedencia radical; los lazos con el Poder Judicial que le ayuda a lubricar su empinada pertenencia al Colegio Público de Abogados.

Carrió lo fulminó públicamente varias veces por la última razón. Angelici bajó su perfil y replicó, a veces, con ironía forzada. Pero el pleito nunca desaparece. La diputada no olvida que Norberto Oyarbide zafó con su renuncia de un juicio político gracias a los oficios del presidente de Boca. Tampoco que perdura una trama estructural inmutable. Angelici comparte tareas en el Colegio de Abogados con Norberto De Stéfano. Es el hermano de Juan Sebastián De Stéfano, secretario de Asuntos Jurídicos de la Agencia Federal de Inteligencia (AFI). Hombre de confianza absoluta de Darío Richarte. Este sushi ex radical fue segundo de la ex SIDE, vicerector de la UBA y defensor de varios kirchneristas denunciados por corrupción. Ocupa la vicepresidencia tercera en Boca y forma parte del Tribunal de Disciplina de la AFA, junto al discutido magistrado Jorge Ballestero. Con estas piezas sencillas Carrió ha sabido armar su rompecabezas.

La diputada tiene otro hilado fino. La sociedad de Angelici y Richarte salta a la vista. No tanto, en cambio, la que ambos mantendrían con el representante del Poder Ejecutivo en el Consejo de la Magistratura. Se trata de Juan Mahiques, que tuvo un paso fugaz por un cargo bonaerense. Sobre este abogado pesan habladurías acerca de su postura cuando caen en aquel organismo actuaciones de jueces que habrían servido al kirchnerismo. Las únicas cosas indesmentibles y comprobables son dos. Su relación personal con el diputado camporista Eduardo De Pedro. La mala costumbre de visitar a Angelici en su oficina del estadio de Boca. Hay gente que lo ve y lo reconoce pese a su trabajo con casi nula exhibición.

La realidad de Carrió con Lorenzetti sería otra. La diputada insiste que antes de fin de este año presentará una denuncia penal contra el jefe de la Corte Suprema que orillará el enriquecimiento ilícito. Lo único que se conoce fehacientemente hasta ahora es el relato de Juan Carlos Cubría, administrador general del Consejo de la Magistratura. Este ingeniero es el hijo de la jueza María Servini de Cubría. Denunció la discrecionalidad del máximo Tribunal para manejar fondos –plazos fijos– y el déficit operativo que dificulta la actividad en la Magistratura.

A la diputada y al presidente de la Corte, amén de la política judicial, los distancian también los estilos y personalidades. Carrió es desprejuiciada y desafiante. También muchas veces arbitraria. Lorenzetti posee la hechura de la formalidad que exacerba, tal vez, su cargo. Existió un mini reto entre ambos durante el funeral de Carlos Fayt en Recoleta. La mujer, vestida de negro con encajes blancos, se plantó frente al juez y comenzó a mirarlo sin quitarle la vista. Lorenzetti se esfumó de la escena un minuto después.

Macri permanece paralizado ante ese espectáculo. Mas allá de sus periódicos intercambios con Carrió. Sus críticos en el poder dicen que no emitiría señales hacia la Justicia. Salvo su juramento de no interferir en ninguna investigación. Y que serían sancionados los jueces descubiertos por mal desempeño. Un tono parecido al que utiliza Lorenzetti. Con ese libreto componen su relación personal e institucional. Un cuento de hadas, quizás, para una corporación especializada en pulsear y ganar tiempo frente a gobiernos que irremediablemente pasan.

El único juez activo, como en el amanecer del macrismo, sigue siendo Bonadio. El fiscal Guillermo Marijuan continúa contabilizando el inagotable patrimonio de Lázaro Baéz. Pero el juez Sebastián Casanello parece haber retomado su ritmo de tortuga. En cambio hay causas nuevas que adquieren un sesgo llamativo. Ariel Lijo (que envío a Amado Boudou a juicio oral) investiga a Gabriela Michetti por el robo de $ 245 mil y US$ 50 mil de su casa el día que Macri derrotó a Daniel Scioli. Ese episodio fue mantenido oculto. Tampoco bien explicado. El juez decidió ampliar su radio de acción: indaga en las fundaciones del intendente de Lanús, Néstor Grindetti, del secretario de Seguridad, Eugenio Burzaco y del ministro de Transporte, Guillermo Dietrich.

Servini de Cubría tomará declaración testimonial esta semana al radical Ernesto Sanz, uno de los fundadores de Cambiemos. Es a raíz de una declaración intempestiva de Ibar Pérez Corradi, sindicado como autor del Triple Crimen de General Rodríguez y financista del tráfico de efedrina. Se entendería poco tal citación El pasteleo judicial coincide con un malestar sobre la economía (3,7% de caída interanual) que empieza a agrietar muros del Gobierno. Sucede algo extraño. Cada funcionario del equipo económico supone haber cumplido un cometido. Alfonso Prat- Gay hace alarde del acuerdo con los fondos buitre y el levantamiento del cepo cambiario. Federico Sturzenegger, del Banco Central, pone énfasis en la baja de la inflación. Francisco Cabrera, de Producción, se entusiasma con el plan “Ahora 18” orientado a encender un consumo apagado. Como si tal cuestión fuera el único problema nodal de la economía argentina. Pero ninguno se encarga de abordar la suma de carencias que explican por qué los pronósticos de la reactivación fracasaron. Aquel vacío podría hallarse, en parte, en el diseño que trazó el Presidente: un equipo económico demasiado parcelado ante el cual no resulta suficiente la tarea de los ministros coordinadores.

Tampoco se puede ignorar la complicación externa. Sobre todo Brasil. Y el condicionamiento de un Gobierno que alumbró con minoría en el Congreso y una demanda incesante de sindicatos y movimientos sociales. Que subirá varios grados durante el año electoral.

Con esas limitaciones el macrismo se ha mostrado ducho para sortear cada tormenta. Aunque tampoco resulta gratis. Lo revela el fuerte déficit fiscal y la postergación de soluciones para los asuntos de fondo.

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