sábado, 22 de octubre de 2016

“No al Operativo Aprender”: Los maestros contra los exámenes, por Jorge Lanata

“No al Operativo Aprender”: 

Los maestros contra los exámenes


La columna de Lanata

El volante dice: “Si sos docente, no evalúes. Si sos padre, no permitas que evalúen a tus hijos. Si sos alumno, no tenés obligación de rendir”. El título es “No al Operativo Aprender”.
Entre patético y gracioso: no aprender, podría resumirse.
Vivo en un país donde los maestros están en contra de los exámenes, lo que finalmente define una posición de vida.
No es casual que el kirchnerismo haya intervenido el INDEC, más allá de los negocios de algunos y del acuerdo con los acreedores: los datos acorralan al Relato; saber nos vuelve responsables; algo tenemos que hacer, después, con eso que sabemos.
Una vez que los datos están, aun ignorarlos deja de ser una actitud neutral.
Traté en la radio, en vano, de que algún dirigente gremial de los maestros me explicara los por qué de la oposición: fue en vano, afirmaban estar contra “la estandarización” de la encuesta, y a uno de ellos llegué a preguntarle si estaba en contra de la estadística.
¿Cómo evitar la estandarización de una muestra de un millón y medio de personas? Sólo su oposición dogmática a los exámenes -junto a su irresponsabilidad- puede haberlos llevado, durante la “década ganada”, a aprobar alumnos por sugerencia oficial, como sucedió en nombre de la “inclusión”.
En septiembre de 2014, para dar solo un ejemplo del tono de la época, la docente Cecilia Mariztani fue sancionada por ponerle notas bajas a sus alumnos y le pidieron que modificara sus métodos de calificación. “Nuevo Régimen Académico del Nivel Primario” se llamó el credo: eliminación de los aplazos, las materias previas, la no obligatoriedad de compensar a fin de año y la admisión de chicos que se reincorporan al sistema en el grado correspondiente a su edad biológica, eran algunos de los mandamientos. Si a chicos mal alimentados en sus primeros dos años por la economía le sumamos mal educados en sus siguientes quince años por la educación, el resultado de la ecuación parece obvio: más Asignaciones y menos libertad.
La frutilla del cinismo requiere que todo se haga en nombre de la educación pública: el año pasado las escuelas primarias públicas perdieron otros veinte mil alumnos.
A la hora de los argumentos los grupos que militaron contra el examen enarbolaron -quizá sin saberlo- la teoría Bush de la guerra preventiva o “doctrina de acción positiva” que justificó la invasión a Afganistán: Estados Unidos “creía” que existían armas nucleares y por eso invadió. Después las armas no existían, pero ya era tarde.
Los maestros sostenían que el motivo oculto de la encuesta era “privatizar la educación” o, peor, averiguar cuáles eran las escuelas de peor rendimiento para quitarles su presupuesto. Nada permite presumir que algo así suceda: ni declaraciones publicas, ni privadas, ni la experiencia de los años pasados en la gestión de la Ciudad. Pero como todo dogma, no soporta ser puesto a prueba: se actúa, se reza y ya.
En algo los maestros son consecuentes: ellos mismos no soportan las pruebas y saben que sus calificaciones son, en la mayoría, parte de una ficción. Una vez al año, a la hora de llenar la “Hoja de calificación del personal docente”, todos se llevan a casa su diez automático. ¿Si en una clase de treinta chicos, tres no pasan de grado puede ser normal, pero si no pasan de grado quince, no debería repetir también, el docente que les enseñó?
El único motivo que se me ocurre para estar en contra de un examen es que no se confíe en obtener buenos resultados: miedo a que muestre lo que somos.
Argentina, por ejemplo, tiene más estudiantes universitarios que Brasil. Pero menos graduados. En Brasil se gradúa la mitad de los alumnos que ingresan y en Argentina uno de cada cuatro. En Brasil, como en el resto del mundo, hay examen de ingreso. Acá, la clase media prefiere seguir rezando una mentira: que la clase baja tiene acceso; la clase baja ,en realidad, subvenciona a la media a través de impuestos regresivos como el IVA para que los nenes abandonen la carrera.
La exigencia no es necesariamente, de izquierda o derecha: en Ecuador se ingresa a la universidad aprobando un examen por arriba de los 555 puntos, pero para las carreras de Medicina y Docencia los puntos mínimos son 800.
Brasil, Chile, Cuba, Ecuador, Colombia, Venezuela toman su correspondiente examen.
Pero lo peor del Día de Resistencia Revolucionaria al Examen no fue nada de lo anterior.
-“Choripanero empoderado”, firmó con su letra despareja uno de los alumnos encuestados.
-“Qué sentís cuando usas la computadora en la escuela? Orgullo por la inclusión social”, escribió otro.
Uno inventó pregunta y respuestas: -“Sos descendiente de Milagro Sala? Si-No. “Déjenla libre, putos.” -“Cómo te va en las materias relacionadas con las Ciencias Sociales? Mejor que al presidente, seguro”, dijo un chico.
-“Qué actividades hiciste en tu tiempo libre fuera del horario escolar? Fui a manifestaciones en oposición a este gobierno de mierda”, anotó otro estudiante.
Sus maestros deben estar orgullosos.

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