sábado, 29 de octubre de 2016

A Macri no le sale revestirse de Kirchner, por Carlos M. Reymundo Roberts

A Macri no le sale revestirse de Kirchner

por Carlos M. Reymundo Roberts
Carlos M. Reymundo Roberts

Lo acaba de decir Margarita Stolbizer: "Lo peor del macrismo es cuando hace kirchnerismo". Clap, clap, clap. Y me permito agregar que para hacer kirchnerismo hay que ser kirchnerista. No es para cualquiera. Esto viene a cuento de la intención del Gobierno de sacarla a Alejandra Gils Carbó a las patadas y por la ventana. Es fácil coincidir en que esta mujer ya no puede ser procuradora general de la Nación. En realidad no debió serlo nunca. Cómo va a ser jefa de los fiscales la autora del undécimo mandamiento, que dice: "No investigarás jamás a los Kirchner, ni a funcionarios de los Kirchner, ni a empresarios amigos de los Kirchner, ni a nada que roce a los Kirchner". Por eso, no me parece grave que le den empujoncitos, como cortarle el aire acondicionado del despacho en verano y la calefacción en invierno, racionarle el café y obligarla a releer el Código Penal. Lo injustificable es apelar a las patadas, que de eso se trata el engendro anticonstitucional que pretendían impulsar en el Congreso. Digo que pretendían porque a último momento apareció Lilita Carrió y lo hizo abortar. Gentileza de colega: Lilita, la fiscal de la República, salvó a la jefa de los fiscales. Gils Carbó va a devolverle el favor. Promete hacer investigar al ordenanza de un ministerio que hace dos años dejó una luz prendida.

Insisto: el kirchnerismo no es cosa que esté al alcance de todos. Como recordó también Margarita, Macri se había probado un par de veces el traje de maltratador de normas (nombramiento de jueces de la Corte por decreto y ajuste de tarifas sin audiencias públicas) y le salió pésimo. Uno llega a ser consumado kirchnerista después de años de gobernar con la suma del poder, de espaldas a la ley, comprando jueces y legisladores, persiguiendo a la prensa opositora y enriqueciéndose como para que puedan vivir de rentas las próximas 14 generaciones de la familia. Es cierto que los lugartenientes de Cambiemos en el Congreso llevaron adelante esta iniciativa con la complicidad de Massa, que aprendió kirchnerismo de boca de los Kirchner. Pero Massa ahora hace massismo. Que no es lo mismo.

Voy a decir una obviedad. Macri no puede hacer kirchnerismo desde una alianza cuyas otras dos cabezas son Ernesto Sanz y Lilita. Es como que el Patón Bauza quiera ser ofensivo y lo ponga a Mascherano de 9. Imagínense si a Cristina -imposible que pasara, obviamente- le hubiese surgido una Lilita; digamos, un objetor de conciencia en el seno de sus filas. A los dos minutos el objetor pasaba al destierro o caía fulminado bajo el fuego de un ejército a las órdenes de Aníbal Fernández y Víctor Hugo Morales. Si lo que el Presidente busca es tomar atajos, tiene que recurrir a gente acostumbrada a moverse por el lado oculto de la Luna, tipo Angelici o Majdalani. Además, hay que saber con quién te estás metiendo. Cuando Gils Carbó vio que las balas picaban cerca, levantó el teléfono -¿o lo levantaron en Santa Marta?- y a los dos minutos se estaba sacando una foto, de lo más sonriente, con el legislador porteño Gustavo Vera, el responsable del delivery de rosarios bendecidos por el Papa.

Hay que reconocer que Macri es un hombre de suerte. Cada vez que mete la pata, la década desganada sale a rescatarlo. Esta semana, el affaire Gils Carbó fue opacado por las rutilantes novedades de la causa por la corrupción en la Aduana en tiempos del kirchnerato. Me entretuve leyendo los pormenores de la investigación. Allí operaba una mafia, una mafia hecha y derecha, morrocotuda, al mando del empresario Carlos Barreiro Laborda y de su ladero, Claudio "Mono" Minnicelli, una monadita de persona si no fuera por una mancha indeleble que convierte su CV en un prontuario: es cuñado de De Vido. Estos tipos hicieron todo bien, con un esquema sencillo que consistía básicamente en cobrar fortunas para permitir el ingreso de importaciones y en ganar fortunas mediante el contrabando de una enorme cantidad de mercaderías. Sólo tuvieron un descuido: sus teléfonos. Toda la operatoria está grabada. Pobres, tanto laburo, tanta recaudación y hoy están hasta las manos. Es el costado menos profesional del kirchnerismo. Su duodécimo mandamiento: "No robarás sin dejar las huellas que faciliten el trabajo de los investigadores".

Lo mismo Milani, que el miércoles tuvo que explicar en la Justicia cómo había hecho para comprar una estupenda casona en La Horqueta con su sueldo de general. Como que las cuentas no cierran, y tampoco cierra la ridícula suma que dijo haber pagado por esa mansión. Salvo que estuviese con el pasto sin cortar. Su explicación fue que otro militar, de mucho menor grado, le prestó la plata, coartada que el expediente no está dando por válida. Insólito: el cerebro de la inteligencia kirchnerista, atascado en la justificación de la compra de su casa. Decimotercer mandamiento: "No recurrirás nunca a una defensa sólida y creíble".

El que se entregó sin presentar batalla fue el hijo de D'Elía: admitió que trabajaba para la Anses sin haber terminado el colegio. Ganaba 60 lucas, algo que podría explicar por qué la mitad de los chicos abandona el secundario.

Anteanoche habló Máximo Kirchner en un acto en La Matanza. Decimocuarto mandamiento: "Que las semanas no terminen sin otra ayudita a Macri".

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