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domingo, 10 de julio de 2016

Doscientos años no es nada, por Alejandro Borensztein

Doscientos años no es nada

 por Alejandro Borensztein

Humor político

Por suerte, los congresistas de Tucumán de 1816 se iluminaban con velas y se calentaban con leña. Si hubieran tenido que declarar la Independencia con las tarifas al precio de hoy, todavía seríamos colonia.
Sin embargo, cabe aclarar que los gobiernos anteriores a 1816 ni regalaban velas ni subsidiaban irresponsablemente la leña, razón por la cual, al momento de declararse el nacimiento de la Patria no hizo falta ningún tarifazo. La herencia era mala pero no tanto. El populismo berreta vino mucho después.
El antecedente más importante del Congreso de Tucumán fue la Revolución de Mayo con los habitantes de Buenos Aires reunidos frente al Cabildo al grito de “el pueblo quiere saber de qué se trata”. Suerte que el que salió a explicar no fue Aranguren, sino hoy seríamos un anexo de Andalucía.
Más atrás aún, el 24 de junio de 1806, el Virrey Sobremonte se enteraba de que los ingleses estaban por invadir Buenos Aires. El tipo se asustó y decidió rajarse a Córdoba en una carreta cargada con baúles repletos de oro.
Eran tantos los baúles y tan pesados que, cuando pasó por Luján, resolvió dejarlos para no reventar a los caballos. Deambuló toda la noche buscando un lugar seguro en la barrosa oscuridad (todavía no existía el Acceso Oeste) y finalmente los escondió en una casona que aún hoy perdura en la calle Lezica y Torrezuri (se ve que, como era extranjero, no sabía donde había un monasterio de turno).
Increíblemente había tirado la guita a dos cuadras de donde, 129 años después, se inauguraría la Basílica de Luján. Le erró por 200 metros. Esto es rigurosamente cierto. Agregale a esta historia, las monjitas, la cocaína y los scons, y es una de Tarantino.
Sin embargo una cosa son los hechos escritos y documentados por los historiadores y otra muy distinta son los vividos por uno mismo, en persona.
Cada argentino que haya cumplido 50 años o más, puede decir categóricamente que ha sido testigo viviente del 25% de la historia de la República Argentina. Una cuarta parte. Nada menos.
En mi caso particular, tomé mi primera mamadera de leche entera con el desarrollismo de Don Arturo Frondizi y llegué a la Rosuvastatina 10mg para bajar el colesterol durante el proyecto nacional, popular, hotelero, eclesiástico, valijero y billetero de Amado Boudou, el inolvidable playero de la UCeDe que ahora se dejó la barba y se hizo más revolucionario que nunca porque se enteró de que el Che Guevara recorrió Latinoamérica en moto. “Lástima que no era una Harley”, debe haber comentado en el curso acelerado de “Saqueo al Chino” que está tomando con Esteche y D’Elía.
Se supone que el 75% restante de la historia nos ha sido transmitida de la manera más cierta posible por los distintos historiadores.
Por las dudas, todo fue revisado en los últimos años por el “Instituto Nacional de Revisionismo Histórico”, creado por el Primer Gobierno Patrio Democrático de Ex Ella y dirigido por el Comisario Pacho O’Donnell.
Luego, para reforzar los controles ideológicos, se llevó a cabo un nuevo cacheo de la historia y las ideas, esta vez a cargo de la “Secretaría de Coordinación Estratégica para el Pensamiento Nacional” dirigida por el Suboficial Ricardo Forster.
En lo que todos los historiadores más o menos coinciden, es que una vez declarada la Independencia en 1816 se desató un proceso sangriento que recién amainó con la Constitución de 1853, inspirada por Alberdi y su famoso “gobernar es poblar”.
Junto a él, otros tipos como Mitre, Avellaneda, Roca, Pellegrini y fundamentalmente Sarmiento encararon el descomunal proyecto de construir un país.
Le debemos a Don Domingo Faustino Sarmiento una idea fundacional: la educación pública, gratuita, laica y obligatoria. Esa simple idea sirvió para amalgamar a los criollos con los inmigrantes que llegaban provenientes de todo el mundo, hasta darle forma a un país extraordinario que, 100 años después, nosotros nos encargamos de hacer mierda.
Posiblemente mi generación fue la última que en los años ‘60 se educó bajo esa idea. Por entonces, éramos 20 millones de argentinos y un Estado que daba respuestas. Con escuelas públicas ejemplares, hospitales dignísimos, seguridad y justicia, bajos niveles de pobreza y una inmensa clase media. El país, aún con todos sus defectos, problemas, y escaso apego institucional, de alguna manera funcionaba.
Hoy somos 40 millones y no anda nada. Nosotros, yo mismo, mi generación, usó el país que nos legaron y lo rompió todo. Cuando digo mi generación, incluyo a los que tienen 20 años más y 20 años menos. Así nadie se hace el distraído.
La fecha bisagra para determinar el momento exacto en el que todo se fue al carajo depende de si uno es muy, algo, poco o nada gorila. O sea, todo se arruinó con el golpe de 1930 o el del 43 o el del 55 o los bastones largos del 66 o el desastre del 74 o la catástrofe del 76. Amigo lector, usted puede elegir la que más le guste porque calificar, califican todas.
Hoy arranca el tercer siglo de la Patria, casi al mismo tiempo que inauguramos un nuevo gobierno. El anterior, que era tan divertido, lamentablemente ya se evaporó. Pensar que arrancaron con el famoso “vamos por todo” y terminaron con una militancia cuya principal actividad es ir y venir al Aeroparque.
Sumidos en la depre provocada por la espantosa confirmación de López y las semiplenas pruebas sobre el resto de la banda, sólo les queda distraerse a la noche mirando el programa que conduce un croupier de barba candado por C5N.
¿Se vienen tiempos mejores? Puede ser. Siempre y cuando estemos dispuestos a llevar adelante una idea cuyos frutos no lleguemos a ver. Como los tipos del Congreso de Tucumán o la generación de 1880. Quizás, algo parecido a lo que hizo Sarmiento: otra epopeya educativa.
Pensar y construir el futuro para que, cuando el futuro se transforme en presente, tengamos un país mejor.
Vamos, la esperanza es lo último que se pierde. Estamos a tiempo. Visto desde lejos, doscientos años no es nada. Esto recién empieza.
Feliz cumpleaños Argentina. Pese a todo, es un placer vivir en vos.

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