sábado, 4 de junio de 2016

Malcorra, Hebe y Lilita: el final de la grieta, por Carlos M. Reymundo Roberts

De no creer..

Malcorra, Hebe y Lilita: el final de la grieta

por Carlos M. Reymundo Roberts
Carlos M. Reymundo Roberts

Al imponente espectáculo con el que volvió ShowMatch le faltó algo, y me llama la atención que a Marcelo Tinelli, tan sensible para detectar el humor de la sociedad, se le haya escapado. En el segmento político estuvieron Urtubey, Massa y Rodríguez Larreta, simpáticos, divertidos. Todo bien con ellos, y tampoco hubiese estado mal sumar a dirigentes chispeantes, de risa contagiosa, tipo Máximo Kirchner. Pero me parece increíble que no haya invitado a la estrella fulgurante del gabinete, la canciller Susana Malcorra. Y no lo digo por su parecido con la Susanita de la legendaria Mafalda, lo que facilitaría su inserción mediática. Después de impulsar el diálogo en Venezuela entre Maduro y la oposición, propuesta aceptada por la OEA y mucho más conciliadora que la que alentaba Macri, creo que a Malcorra le espera, cuando alcance la conducción de la ONU, el desafío más trascendente de estos tiempos: cerrar la grieta que divide a los argentinos. Sí, señores y señoras, todos y todas. El país del Papa no puede tener tamaña fractura. Alguien debe buscar la reconciliación de los espíritus, y nadie mejor que la Malcorra. Desde este humilde espacio la propongo para encabezar esa histórica misión. Con dos lugartenientes: por el kirchnerismo, Hebe de Bonafini; por el macrismo, Lilita Carrió.

Es cierto que no la tendrá fácil. Una lectura superficial nos dice que hay dos bandos irreconciliables. En realidad es peor. También hay grietas en cada uno de ellos. Miremos, por ejemplo, cómo se ha deteriorado la relación entre los Kirchner y Lázaro Báez, estandartes del campo popular. Supieron ser amigos y socios. Compartieron andanzas, negocios, travesuras, los Kirchner como obsesivos repartidores de obra pública, Lázaro como obsesivo adjudicatario de esa obra. Néstor y Cristina conocieron a Báez cuando era apenas un cartonero y lo fueron introduciendo de a poco, o de a mucho, en la ruta del dinero, de la que este esforzado trabajador no se desvió nunca. Bueno, habría que ver si no hubo desvíos. En cualquier caso, del fuego de esa relación alguna ceniza tiene que quedar. Confiamos en que Malcorra vuelva a reunir lo que durante tantos años estuvo unido. Si fuera ella, no dejaría de intentar una mediación de Casanello.

También en el otro bando han aflorado diferencias. Los radicales se quejan de que los macristas no les dan ni la hora. Los macristas no pueden creer que los radicales se tomen tan a pecho su papel de aliados. Lilita (por eso propongo hacerla lugarteniente de la misión de paz: para que deponga las armas) se tiroteó anteayer con Gaby Michetti. Iba a poner que se tiroteó destempladamente. A estas alturas ya podemos decir que lo hizo lilitamente. El sacado de Durán Barba arremete una y otra vez contra Pinedo, el hombre fuerte de Pro en el Senado. Digamos, como si en la selección argentina el arquero Romero lo talara abajo a Mascherano. Y en el propio gabinete algunos ya hablan de Tortuga Macri, por lo que tardó en decidirse a traer la plata de Bahamas.

Yo creo que Malcorra debería estar atenta a la evolución de la grieta. Es verdad que los Kirchner partieron la sociedad en dos: por un lado, ellos, la expresión genuina del pueblo; por otro, los poderes concentrados y los medios hegemónicos, expresión desalmada del dinero. De aquel lado, el gobierno nacional y popular; de éste, el FMI, Griesa, los buitres, los caceroleros, el golpismo. En el bando K, 6,7,8. En las fuerzas neoliberales, Lanata. A la izquierda de la grieta, intelectuales como Forster, Horacio González, Aníbal Fernández, D'Elía; a la derecha, Kovadloff, Aguinis, Botana, Luis Alberto Romero. El listado sería interminable, pero no hace falta. Si se mira bien, quizás las diferencias hoy no sean tantas. A la luz de lo que se va sabiendo, ¿podríamos decir que el dinero estaba sólo en el sector de los poderes concentrados? ¿No han hecho mérito los Kirchner para ser considerados prósperos empresarios hoteleros? ¿Acaso movía menos plata La Rosadita que los principales bancos del país? ¿Báez no podría ser un dignísimo miembro de la Sociedad Rural Argentina? ¿Los miles de desempleados de Cristóbal López y del gobierno de Alicia Kirchner que cortan ruidosamente calles y rutas no son también ellos auténticos caceroleros? ¿No oímos todos los días declaraciones destituyentes de ex funcionarios del gobierno popular? ¿No hay otro clima en el Congreso? ¿No vuelve Lanata con su programa de los domingos para investigar también al macrismo? ¿Ignoramos que decenas de periodistas militantes de la vieja cadena oficial siguen en sus puestos y ahora sólo militan en el periodismo? ¿Ignoramos que el medio más opositor, Página/12, publicitariamente vive gracias a la pauta oficial? Quiero decir: veo muchas señales positivas. No me parecen bandos tan irreconciliables. En una de ésas la cosa se complica con Cristina, pero siempre está abierta la posibilidad de ofrecerle la embajada en las islas Seychelles.

Tengo otra buena noticia para la misión de Malcorra. Como prenda de unión, desde hoy sacrifico mi ideología, mi pertenencia al kirchnerismo y hasta el sueldo que me paga Máximo. Dejo de militar en ese espacio. Esta columna, que durante años estuvo a disposición de lo que me ordenaran mis jefes de La Cámpora, ahora estará al servicio de la causa más noble: #cerrarlagrieta.

Cuente conmigo, Susanita.

LA NACION Opinión De no creer

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