sábado, 7 de mayo de 2016

Purgatorios y paraísos, por Enrique Pinti

Purgatorios y paraísos

por Enrique Pinti
Enrique Pinti

Los terribles daños que producen las malas políticas públicas, las agresiones al medio ambiente so pretexto de supuestos progresos invocando siempre las palabras "futuro" que por sí sola no significa algo obligadamente positivo, y "progreso", que tampoco implica mejora sustancial, junto a las guerras desatadas en nombre de la ambición y el ansia dominadora de las grandes potencias no son por regla general castigados por la Justicia. Nadie va preso por asesinar, perjudicar, enfermar y destruir moralmente a millones de seres humanos, víctimas de todas esas calamidades provocadas por personas con nombre, apellido y profesión. Muy excepcionalmente los responsables pagan por sus crímenes y cuando lo hacen son amnistiados en corto tiempo y olvidados por la memoria histórica.

Miles de personas sufren accidentes evitables al caer pesadamente en veredas destrozadas, calles llenas de baches y desniveles que tardan meses en ser reparados, víctimas de tragedias en transportes públicos desde trenes a colectivos y choques fatales producidos por el mal estado y/o señalización de rutas, caminos y autopistas, además de catástrofes llamadas "naturales" cuando en realidad han sido generadas por la mano del hombre violando a la naturaleza en nombre de supuestos progresos que no son más que la careta de la vieja y malvada codicia, son algunos de los fenómenos sociales que enlutan al mundo.

"En las grandes potencias las industrias monumentales envenenan y deterioran el medio ambiente de manera escandalosa"

Cada país y/o grupo de países tiene niveles diferentes de atropellos a la dignidad humana. En las grandes potencias las industrias monumentales envenenan y deterioran el medio ambiente de manera escandalosa y no importa qué ideología política practiquen.

Estados Unidos y China son los emporios más grandes en ese terreno al igual que lo son Rusia y Alemania. Capitalismo, comunismo, social democracia bailan en alegre montón las mismas danzas macabras y cada tanto convocan a reuniones internacionales donde acuden con caras preocupadas listas para la foto donde firman protocolos como el de Kyoto, por ejemplo, protocolos que luego no se cumplen, ha habido gobernantes negadores acérrimos del calentamiento global con un caradurismo digno de mejor causa.

Los países sub-desarrollados enfrentan problemas derivados de pésimas políticas de Estado, en algunos casos o ausencia total de esas políticas, en otros. La proliferación de enfermedades, mosquitos letales, pestes resucitadas por omisión de las más elementales condiciones de higiene social que vuelven desde una mítica "Edad media" donde las personas sucumbían por centenares de miles en callejuelas de ciudades o en campos llenos de lodo.

Así las cosas es ocioso gastar fortunas en esas reuniones de mandatarios donde se debaten mucho más que los problemas ecológicos y ambientales, diferencias políticas y chicanas de vuelo bajo forjando alianzas que tienen que ver mucho más con estrategias geopolíticas que con la real necesidad de hacer frentes comunes de cooperación internacional.

En tanto, el ciudadano de a pie ve con pavor y bronca cómo nadie paga por lo que hizo, ayuda a hacer o no hizo. Se descubren drogas valiosas para ayudar a curar enfermedades pero la guerra de laboratorios dilata la aplicación e implementación de las mismas y cuando por fin sacan al mercado son inaccesibles para millones de enfermos sumidos en la miseria de bajos salarios y malas condiciones de vida.

Si a esto agregamos una Justicia lenta y burocrática, cuando no comprometida con intereses económicos, podemos decir que el mundo se parece más a un purgatorio que a un paraíso.

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