domingo, 15 de mayo de 2016

Macri, el PJ, Ex Ella y el Topo Gigio, por Alejandro Borensztein

Macri, el PJ, Ex Ella 

y el Topo Gigio




El fútbol es una fuente inagotable de sabiduría. Es la vida misma en 90 minutos. Entender esto es también entender al gobierno.
Para buena parte de la humanidad, la imagen del demonio es el hongo de Hiroshima, la caída de las Torres Gemelas o los niños vietnamitas huyendo del napalm.
En cambio, para los hinchas de Boca la representación del demonio supo ser Macri con casco, subido a una Caterpillar y demoliendo la Bombonera. La suma de todos los miedos. Habíamos elegido presidente a un Satanás con bigotes que arrancó tirando abajo medio estadio en un momento en el que no había plata ni para cambiar el banderín del córner. Sin embargo, las cosas le salieron bien.
Vayamos entendiéndonos, amigo lector. ¿Usted cree que un insensato que tiró abajo la Bombonera, va a tener algún problema en tirar abajo una ley antidespido?
Comprendo su angustia. La situación económica le preocupa, el endurecimiento opositor le da escozor y no entiende por qué el Gobierno avanza sin explicar claramente lo que está haciendo, sin ser preciso sobre la herencia y, sobre todo, sin comunicar como usted y los gorilas del Circolo Rosso se lo reclaman. Pero en Boca hizo lo mismo. El tipo es así.
Tiene sus ventajas: por suerte no comunican, porque si comunicar es lo que hace Aranguren, mejor que no digan nada.
Hay que entender a esta gente. Son cool. Los tipos te tiran un aumento en la Asignación Universal por Hijo y, en vez de hacer el espamento que hacía el kirchnerismo, se van calladitos a jugar al paddle.
Saben que, como en el fútbol, todo depende de los resultados y no del verso. Si les sale bien, habrá nacido un país nuevo. Y si les va mal, no habrá relato ni comunicación que los salve. Como le pasó al kirchnerismo.
Además, hablar poco y bajito es una estrategia para que se escuche mejor lo que gritan Moreno, Recalde, Aníbal, Kicillof o Sabbatella, entre otras estrellas que trabajan para Durán Barba. Cada vez que uno de estos ñatos abre la boca, en Olivos descorchan.
El PJ profundo ya se avivó y están viendo cómo sacárselos de encima mientras Macri les chorea al General: “Mejor que decir es hacer y mejor que prometer es realizar”.
Así fue en Boca. Un día, después de jugar un año en canchas prestadas, Macri nos llamó a los 50.000 socios que lo queríamos linchar y nos dijo: “Che, vengan el domingo a la Bombonera que ya la terminé”. Nos deslumbró. Estaba más linda que nunca.
Pero esa tarde inolvidable, Boca jugó contra Gimnasia y Esgrima y perdió… 6 a 0 !! con 3 goles del mellizo Guillermo Barros Schelotto. Una catástrofe.
Con la inauguración arruinada y los nervios destrozados por la goleada, Macri se encerró en el baño del palco a escuchar mantras y leer a Deepak Chopra. Cuando salió inhaló profundo diciendo “zou”, exhaló diciendo “ham”, abrió los ojos y dijo: “Compren al 7”. Desde entonces, el mellizo jugó en Boca, ganó 16 títulos y ya es uno de los ídolos máximos de la historia. Hoy es el director técnico.
Zannini, que es del palo, sabe esto perfectamente y ya se lo debe haber contado a Ex Ella. Por eso, hace un par de semanas, la arquitecta egipcia procesada juntó a un montón de militantes y les dijo que esto tiene que explotar, que si Dios quiere la gente va a incendiar el país y finalmente la van a llevar en andas a la Rosada. Luego se supo que en la intimidad de la cocina sollozó: “Si Macri arregla con los holdouts se queda 8 años más”. Sabe que, con guita, todo fluye.
El peronismo huele algo parecido y empezó a endurecerse. La semana pasada, los sindicalistas se juntaron con el Compañero Mauri en la Rosada. El les pidió que lo acompañen en la pelotudez de firmar un compromiso de no despidos por 90 días con unos empresarios que no tenían pensado despedir a nadie. No está ahí el problema. Pero los gremialistas se negaron. Se cruzaron fuerte. El los saludó, se dio media vuelta y se fue. ¿Les piensa aflojar? ¿Les va a tirar una anchoa para calmarlos?
Volvamos el fútbol. En 2001, plena época exitosa de Bianchi, jugaban Boca vs. River en la Bombonera. Riquelme venía peleando por su contrato y Macri no le aflojaba. Segundo tiempo. Penal para Boca. Román le pega duro a la derecha de Costanzo, el arquero de River tapa pero da rebote y Riquelme, de cabeza, la mete. Mientras el estadio deliraba, él salió corriendo hacia el palco donde estaba Macri. Se paró delante, lo miró fijo, y frente a todo el país le hizo el gesto de amplificar sus orejas con las manos, el histórico “Topo Gigio”, como diciendo “escuchá como gritan por mí, amarrete”. Macri festejó, se abrazó, se emocionó, pero después no le largó un puto mango. Riquelme se fue y Boca siguió ganando campeonatos como si nada, en su era más gloriosa.
Usted me dirá, amigo lector, que cuando los peronistas se enojan no se conforman con agarrarse las orejitas y hacer el Topo Gigio. Puede ser. En tal caso, Macri los esperará con cara de “yo los vi aplaudir a Cristina cuando vetó la ley del 82% móvil para los jubilados” y todo será finalmente negociado.
No hay mucho para explicar. Prat-Gay, Cabrera, Sturzenegger y Melconian están haciendo más o menos lo mismo que hubieran hecho Bein, Blejer y Marangoni. Que es lo mismo que va a hacer el Mellizo cuando llegue el receso y pueda limpiar el plantel.
Falta un detallecito: que también sufran los que más tienen, como hizo en Boca.
Puede ser que los ricos estén preocupados porque el bondi aumentó a 6 mangos. Pero me parece que lo estarían un poquito más si, por ejemplo, se les pidiera doble anticipo de Ganancias 2017 como un aporte patriótico. Así los pobres no se sienten tan solos. Como cuando Palermo bajaba a ayudar a los defensores en los córners. Equidad, buenos resultados y algo más de justicia mandarían al kirchnerismo definitivamente a la B consolidando al nuevo peronismo.
El fútbol lo explica mejor. El jueves, Boca empató con Nacional de Montevideo en el histórico estadio del Parque Central. Allí se jugó el partido inaugural del primer mundial, en 1930.
Mis amigos uruguayos me invitaron. Me senté en la platea Abdón Porte, llamada así en homenaje al “Indio” Porte, mediocampista símbolo de la institución y protagonista de uno de los hechos más dramáticos en la historia del fútbol.
Una noche de 1918, con el estadio vacío, el “Indio” Porte se paró en el medio, sacó un revólver y se pegó un tiro en el corazón. Sabía que ya nunca volvería a ser titular indiscutido y debía resignarse a ser suplente. Eduardo Galeano escribió que su mano apretaba una carta de despedida.
Yo le diría al kirchnerismo que no sea tan drástico. No es para tanto, bo.

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