domingo, 29 de mayo de 2016

La censura vuelve por el lado más inesperado, por Pablo Sirvén

La censura vuelve por el lado más inesperado

por Pablo Sirvén
Pablo Sirvén

El episodio que contaremos a continuación no se le puede aplicar otro rótulo que "censura". Se trata de una censura peculiar, perversa y embozada ya que no proviene del Estado. Algo insólito en plena democracia. Aunque acaso sea tan sólo una suerte de eco perdido y nefasto del régimen que el veredicto de las urnas decidió archivar en noviembre último.

La historia es así: el Consejo Profesional de Ciencias Económicas es una entidad con 75.000 matriculados que suele hacer de 15 a 20 encuentros abiertos al año sobre temas que van desde la actualidad económica hasta impuestos y contabilidad. Los lleva a cabo en el auditorio para mil personas que posee en su sede céntrica de la calle Viamonte. Sus mesas redondas, que convocan a expositores de primera línea y de distintas posiciones, con los que se garantiza debates muy ricos y amplios, gozan de indiscutible prestigio. Y son también abiertos al público, previa inscripción.

Para hablar sobre la ley del actor fueron invitados a participar en uno de estos encuentros el actor Luis Brandoni y el productor teatral Carlos Rottemberg. Gran sorpresa se llevaron unos días después cuando la prevista jornada de gestión cultural fue cancelada de manera abrupta.

¿Qué había pasado? La Asociación Argentina de Actores le expresó ásperamente al Consejo la inconveniencia de realizarlo. Sus autoridades le habían cursado una cordial invitación a sumarse a ese debate o a concurrir en otra fecha si se sentían más cómodos solos. No hubo caso.

"No fue un momento grato, nos vimos sobrepasados", comentó una alta fuente de esa entidad. Trascendió que el pedido extemporáneo pasó directamente a apriete cuando, para ser más convincentes, alguien habría deslizado la posibilidad de llevar adelante una protesta hasta las mismas puertas del Consejo Profesional si insistían en realizar el objetado encuentro. Los informales censores lograron su cometido: la jornada fue desactivada.

La ley del actor fue presentada el 15 de septiembre de 2015 por la entonces presidenta Cristina Kirchner y promulgada dos meses más tarde. Sirvió para animar una de sus estridentes cadenas nacionales, durante la que acusó a los empresarios privados del espectáculo de guardarse en los bolsillos la plata que debían recibir los actores, siendo que hasta el 10 de diciembre último el Estado fue el principal empleador de los artistas sin reconocer por ello el pago de ese aporte reclamado. La norma, tal cual salió, lejos de solucionar la jubilación de los intérpretes, vino a complicarlos más, por lo que merece una meditada revisión en su reglamentación. Pero la entidad actoral, cuya comisión directiva profesa el kirchnerismo con el fervor fanatizado de una secta religiosa, prefiere no mover las aguas públicamente tal vez para no importunar a su máxima deidad. Así, por ejemplo, para reclamar por pagos a más de mil actores y bailarines que participaron en diferentes actividades en el CCK antes del 10 de diciembre, resolvió hacerlo con discreto perfil bajo y sin el más mínimo reproche hacia las autoridades anteriores. Fácil es deducir que si la deuda hubiese sido contraída por la actual administración, la AAA habría saltado como leche hervida con uno de sus encendidos comunicados políticos.

sagrada flia
Como el anterior gobierno había atendido con especial devoción a este sector -que retribuyó con creces militando su causa con su participación activa en propagandas y actos políticos- se generó una artificiosa burbuja de "sensación" de pleno empleo, mediante la producción a destajo de cantidades de realizaciones televisivas, muchas de las cuales ni siquiera salieron al aire, y que significaron un costo multimillonario para las arcas públicas. Contrataciones vidriosas y dirigidas a favorecer, en particular, a aquellos artistas y productores que se mostraron más nac&pop.

Ahora resulta que el gremio actoral declara a su obra social "en situación de emergencia" por "el descenso abrupto de aportes y contribuciones genuinos a falta de trabajo en todas las ramas de la profesión" y convoca a un Congreso Nacional de la Multisectorial Audovisual para el mes próximo, bajo la consigna "Nuestra ficción cuenta".

Luis Brandoni, actual protagonista del éxito teatral Parque Lezama, fue víctima de una sospechosa escasez laboral en los medios audiovisuales en el período 2003-2015. Como sufrió persecuciones, amenazas de muerte, exilio y fue incluido en las oprobiosas "listas negras" de los oscuros años 70, contrapuso el término "listas blancas", en las que únicamente revistaban actores K, mientras otros, como el propio Brandoni, eran ninguneados por no comulgar con el "modelo".

Brandoni, quien fue justamente titular de la Asociación Argentina de Actores en épocas más riesgosas -y ad honorem, no como en la actualidad, cuyos directivos son rentados-, se enfrenta ahora a una paradoja singular: sus propios camaradas, que deberían defenderlo, al menos como agradecimiento a su desinteresada lucha en tiempos peores, en cambio propiciaron amordazarlo, una vez más, al abortar su presentación. Para la realización de esta columna se consultó a cuatro fuentes. Sólo una no respondió: la Asociación Argentina de Actores. Lamentable.

psirven@lanacion.com.ar

Twitter:@psirven

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