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domingo, 17 de abril de 2016

Mamá Cristina y Papá Mauricio, Por Alejandro Borensztein

Mamá Cristina y Papá Mauricio

Por Alejandro Borensztein

Humor político

Aunque nunca hayamos estudiado psiquiatría ni psicología ni ninguna carrera similar, todos estamos perfectamente habilitados para opinar sobre esta materia, como tantos inútiles que se la pasan opinando de cualquier tema, en cualquier medio y a cualquier hora. 
Tal vez alguna de estas disciplinas que estudian la mente, nos sirvan para tratar de entender lo que está pasando y encontrar una respuesta a una pregunta inquietante: ¿En qué momento nos fuimos al carajo?
Cuando Sabbatella dice que está “dispuesto a poner su cuerpo en el fuego por la Ex Presidenta” o D’Elía nos propone que fusilemos a Lanata de una buena vez, es evidente que hay algo en la mente de estos demócratas que no estaría funcionando bien. Usted me dirá que a estos ñatos, el marulo les viene fallando hace rato. Puede ser. Sin embargo, da la impresión de que el problema se ha expandido.
De hecho, la ex legisladora Cerruti dijo, mientras iba al aeropuerto a esperar a Cristina Fernández de Hilton, que sentía “maripositas en la panza”, y el actor que interpreta a Diego Brancatelli pidió que se edite un DVD con todos los discursos en Cadena Nacional de Ex Ella “porque escucharla a Cristina es como escuchar a los Beatles” (textual en Infobae).
Similar nivel de desequilibrio mental también podemos encontrarlo en la manada de psicópatas antikirchneristas que en lugar de ir a laburar y dejarse de jorobar, se pasan el día reclamando que vayan todos presos, si es posible mañana lunes. 
Si bien varios funcionarios K deberían estarlo y seguramente así será, la obsesión social que hay al respecto es tan psicótica como cuando Zaffaroni dice que la acusación de Bonadío sobre Ex Ella “es hitleriana”. Un comentario que no se entendería si no fuera porque el mismo Zaffaroni alguna vez dijo que la reforma de la Constitución de Santa Cruz hecha por Kirchner en 1998 era comparable a la que hizo Hitler con la Constitución de Weimar (Página/12 del 3 de Julio de 2003). No quisiera dar un diagnóstico psiquiátrico definitivo, pero para mí que alquilar departamentos para prostíbulos, tarde o temprano te hace mierda el superyo.
¿Qué tienen en la cabeza las personas que en pleno siglo XXI salen a los gritos por la Recoleta para exigir que Ex Ella se mude de barrio porque no les gusta como baila? Al fin y al cabo, tampoco Macri es Rudolf Nureyev.
También es un delirio que esta señora se traslade por la ciudad escoltada por una guardia de choque con pecheras azules (se ve que camisas negras a buen precio ya no se consiguen) que van arrastrando periodistas de los pelos sin que ninguna autoridad les diga nada.
Si bien la estafa del dólar futuro, que nos costó miles de millones de pesos, merece una movida importante en Comodoro Py, no sé si daba para armar un festejo con 20.000 personas. Me parece. 
Quizá la maniobra fue parte de la famosa redistribución de la riqueza. En este caso, sería del Estado hacia los ricos porque no conozco muchos laburantes que hayan invertido en esta joda.
Mucho menos se explica que Ex Ella se haya subido a un palco para despotricar contra la inflación y la crisis económica como si viniera de Marte y llamar a constituir un Frente Ciudadano con lo bien que le andaba el Frente para la Victoria últimamente. La remató al grito de “¡¡tengo los fueros del pueblo!!”, frase equivalente a cuando los dictadores decían que a ellos sólo los juzgaría Dios. ¿Es grave? En realidad, lo más grave es la ovación.
Ante esto, uno se pregunta: ¿Qué consecuencias psicológicas tuvo para todos nosotros haber vivido 12 años con Mamá Cristina? ¿Por qué ahora hemos decidido irnos a vivir con Papá Mauricio?
En términos psicoanalíticos, el padre es la representación de la autoridad. Es la ley. Es el que pone los límites. Así suele ser, salvo que el padre tenga como Ministra de Seguridad a Patricia Bullrich. 
En cambio, la madre representa el alimento esencial. Esto no sólo refiere a la lactancia, sino que además supone la provisión del amor y la construcción de la autoestima. Salvo que mamá esté completamente pirucha. 
Pero aún en tal caso, puede prevalecer el concepto de “lealtad a la madre” que es la primera de las lealtades. Y si bien ya todos nos avivamos que en realidad Mamá, entre otros méritos, era la Jefa de una manga de chorros, todavía hay una razonable cantidad de hijos que no pueden aceptarlo. A eso se le llama “el temor a perder la protección materna” y esto los transforma en “incondicionales”. Pocos, pero eternamente leales. Es un fenómeno psicológico bastante común. De hecho, todavía deambulan por la Patria algunos zombies que nunca pudieron destetarse de Mamá Menem.
La imposibilidad de superar la lealtad a la madre puede somatizarse a través de alergias, caída súbita del cabello o eventualmente despertar y descubrir que tu cara se trasformó en la del Cuervo Larroque. 
A esta altura, podemos arriesgar un primer diagnóstico: Mamá Cristina definitivamente no cumplió con su rol materno y Papá Mauricio podría llegar a tener algún problemita para cumplir el suyo.
Usted dirá que esta comparación es injusta. Es verdad. Son doce años contra cuatro meses. Además, cualquier junta médica coincidiría en que estos cuatro meses son justamente la consecuencia de aquellos doce años. Le podemos sumar alguna burrada nueva, pero no mucho más. 
El escritor Mempo Giardinelli, en sus columnas semanales, viene insinuando la posibilidad de una guerra civil sin que todavía nadie le haya acercado un chaleco de fuerza. Posiblemente porque no es el único que lo piensa. Tipos con la mano dentro del tapado y un sombrero de Napoleón en la zabeca abundan a lo largo y a lo ancho de la Patria Grande.
¿Estamos a tiempo de curarnos? Bueno, ahí es donde entra a tallar fuerte Papá Mauricio.
Una mirada optimista sería confiar en que el nuevo Presidente está rodeado de profesionales idóneos capaces de sacarnos del cumulus nimbus heredado. La otra mirada, un poco más angustiante, es que hemos caído en las manos del Dr. Sigmund Durán Barba.
En el acto de Comodoro Py, el paso conjunto de Moreno, De Vido, Boudou y Aníbal (Lázaro no pudo llegar) puede ser visto por los antikirchneristas con una furia desenfrenada o con una paciente piedad. Y la leal militancia K puede verlo con una idolatría ciega, o con la resignación de ver a sus ídolos con los pantalones bajos en la mitad de la 9 de Julio.
De todos nosotros dependerá recuperar la cordura o seguir viviendo atrapados sin salida.

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