domingo, 3 de abril de 2016

Como Perón y Menem, CFK pierde los medios. por Pablo Sirvén

Como Perón y Menem, CFK pierde los medios

Pablo Sirvén
por Pablo Sirvén

El Grupo Vignatti le vendió a Cristóbal López el 60% de los diarios Ámbito Financiero y Buenos Aires Herald en cuatro cuotas y sólo habría cobrado una sola hasta el momento, lo que lo habilitaría a ejecutar ese contrato y salir en busca de un nuevo comprador. Es más: un megaempresario, que en el pasado tuvo un importante papel en el mundo de los medios locales, se mostró interesado en rescatar al centenario tabloide en inglés para devolverle sus viejos brillos perdidos. Pero ante la virtual hecatombe del Grupo Indalo, esa iniciativa se enfrió.

El sinceramiento en el mercado de medios de comunicación a partir del último 10 de diciembre evidencia que el andamiaje para crear una red de empresas periodísticas afines al régimen anterior, aunque muy oneroso, tuvo la fortaleza de una hojita al viento.

Durante el segundo gobierno de Cristina Kirchner se intentó por vías paralelas transformar ese sector: con la ley de medios y con permanentes ofensivas verbales y medidas arbitrarias se buscó horadar gravemente el patrimonio de los medios profesionales y minar su prestigio para ahuyentar a sus audiencias y anunciantes. Al mismo tiempo se alentaba a los amigos del poder a iniciar sus propios emprendimientos periodísticos, subsidiados con multimillonaria pauta oficial. Como ha quedado explícito, a partir de la documentada investigación de Hugo Alconada Mon en LA NACION, a Cristóbal López se le concedió, además, no pagar miles de millones de pesos en impuestos para invertir buena parte de ese dinero en la compra casi compulsiva del Grupo Hadad, en 2012; la productora Ideas del Sur (Marcelo Tinelli), en 2013; los mencionados Ámbito y el Herald, a fines de 2014, y, el año pasado, las productoras PPT (Diego Gvirtz) y La Corte (a cargo de las transmisiones de Fútbol para Todos).

Como el kirchnerismo, también durante su segundo mandato, el menemismo procuró con el CEI armar un holding propio de comunicación, aunque de poco le sirvió tras su extinción, en 1999. Cristina Kirchner superó a su predecesor y aún miembro de la bancada de su propia fuerza (FPV) en el Senado, Carlos Menem, porque avanzó mucho más allá en la misma materia: le concedió multimillonarios favores de pauta oficial al Grupo Szpolski-Garfunkel y a varios más. Pero aunque han pasado menos de cuatro meses desde su alejamiento de la presidencia, ese poder de fuego mediático también se va convirtiendo rápidamente en cenizas. Aunque ambiciosos, tanto Menem como Cristina no consiguieron alcanzar a su líder inspirador, Juan Domingo Perón, quien, a pesar de haber forjado un aparato de medios a su favor mucho más gigantesco, tampoco logró que tras su caída, en 1955, le sirviera de mucho.

Es que crear medios de prepo, y con un objetivo distinto del de atender a una audiencia determinada, no suele dar buen resultado.

La enorme movilización de recursos del gobierno anterior -que comprometió cantidades monumentales de dinero para alimentarlos y que cooptó voluntades de muchos periodistas que se volvieron obsecuentes del régimen a cambio de buena paga y pluriempleo- terminó mostrando su verdadera cara a partir del fin de la "década ganada": todos esos esfuerzos, sin raíces firmes, se diluyen sin remedio, cuando se corta el chorro del mecenazgo oficial y levanta en su lugar una enorme ola de frustración que pega de frente a los empleados que no cobran sus salarios desde hace meses y que quedan expuestos al fantasma de la desocupación.

Los medios también sufren algo similar al "efecto reality show": una cosa es una figura que va ganando genuina popularidad en el tiempo por su talento, simpatía y laboriosidad, y otra muy distinta es el destino efímero de aquellos que sólo trascienden de pronto y por un rato en ese tipo de programas. Al cabo de un tiempo, la gran mayoría de sus participantes son olvidados. Lo mismo sucede con los medios que crecieron rápido sólo por contar con una financiación temporal y se preocuparon más por conformar a ese patrón que por establecer una real conexión con un público determinado.

Un medio de comunicación no surge de la noche a la mañana. Depende de la inspiración de un hacedor, que además de contar con un capital, para llevar adelante y plasmar su idea, debe tener un instinto muy fino para captar la sintonía con la porción de público a la que aspira dirigirse.

Por eso suelen resultar poco exitosos los medios inventados exclusivamente a la medida de quien lo encarga. Termina siendo un producto afectado, mezquino y engañoso, una suerte de lastimoso "diario de Yrigoyen" que busca conformar a un solo lector.

Pero hay todavía un fenómeno mucho peor: el "efecto autito chocador", que consiste en comprar un medio exitoso con la ilusión de gozar de su audiencia e influencia. Los ejemplos sobran para demostrar que en manos inexpertas y sólo ávidas por hacer circular un proyecto de poder terminan más temprano que tarde chocándolos al convertirlos en una burda caricatura de lo que eran. Así, el daño no sólo se circunscribe a la creación de medios inviables, sino que también se lleva puestas grandes marcas que, tras esas inexpertas intervenciones, se vuelven irrecuperables.

psirven@lanacion.com.ar

Twitter:@psirven

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