sábado, 2 de abril de 2016

Arrepentidos, por Enrique Pinti

Arrepentidos


por Enrique Pinti

Los grandes problemas que aquejan a la humanidad son de muy diversa índole y perjudican a millones de personas pertenecientes a diferentes etnias, clases sociales, oficios y profesiones. Pero parecería que las soluciones que proponen los gobiernos no logran paliar los efectos negativos de situaciones altamente conflictivas.

El narcotráfico y sus implicancias sociales, políticas y económicas es un problema de larguísima data que gobiernos de muy distinta ideología, raza, religión y región geopolítica no atinan a resolver no sólo para terminar con él sino ni siquiera para atenuar sus trágicas consecuencias. Se recurre a las leyes del arrepentimiento pero todos sabemos que nadie se arrepiente de verdad sino que negocia bajas de condenas cuando no absoluciones y amnistías a cambio de facilitar nombres, datos y ubicaciones de "cocinas" de drogas peligrosas.

"Los ciudadanos vemos, oímos y nos lamentamos y lo único que podemos hacer es luchar desde nuestro reducido círculo en poner el acento en los verdaderos logros de la vida: nuestros sueños"

Estos "arrepentimientos" acarrean venganzas y nuevos "arreglos" que no son más que chapuzas, remiendos y parches que no solucionan el problema sino que lo complican aún más. Ya sabemos que en la guerra vale todo y esto es una guerra sin lugar a dudas pero estas medidas no hacen más que demostrar la impotencia de los gobiernos cuando no una cierta complicidad o vista gorda para decirlo en lenguaje popular. Estos terribles fenómenos culturales tienen sus raíces en la vieja historia de la miseria en la que son sumergidos millones de seres humanos durante años y años, a veces siglos, miseria que desde lo material va minando la calidad moral de las personas hundiéndolas en la degradación, el delito, y la falta total de autoestima.

Ante las malas situaciones muchas personas luchan contra la adversidad y logran superarla pero otras muchas sucumben ante la injusticia social y son presa fácil de los que, a menudo surgidos del mismo sector social, se convierten en capos narcos y se ganan la gratitud de esos sumergidos a base de mejoras sociales (casa, comida, escuelas y salud) mejoras que los gobiernos no brindan dejando ese campo libre para que sea ocupado por esos magnates del horror. Esta combinación letal entre miserias y riquezas mal habidas con impericias, corrupciones y malas praxis gubernamentales fomenta esta lacra y la lleva a dimensiones muy difíciles de dominar y reprimir.

Nada es fácil en este mundo y nunca lo fue pero tampoco se notan demasiados esfuerzos para al menos atenuar los siniestros efectos de estos hechos tan luctuosos que arruinan tantas vidas. Todo se reduce a grandes titulares, procedimientos llenos de violencia, persecución a las víctimas de esas actividades y espectaculares detenciones de las caras más visibles, pintorescas, bizarras y mediáticas sin llegar jamás al hueso del conflicto.

Nosotros, los ciudadanos, desde el llano vemos, oímos y nos lamentamos y lo único que podemos hacer es luchar desde nuestro reducido círculo en poner el acento en los verdaderos logros de la vida que tienen que ver con la lucha por nuestros sueños e ideales, protegiendo a nuestros seres queridos y tratando de predicar con el ejemplo, pero muchas veces nos sentimos impotentes frente a tanta indiferencia por la miseria nuestra de cada día y reclamamos en marchas silenciosas por la existencia de métodos educativos que no dependan del "arrepentimiento" de delincuentes sino de las verdaderas ganas de luchar por un mundo más justo.

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