sábado, 20 de febrero de 2016

Cristina Kirchner, ni monja ni rockera, por Carlos M. Reymundo Roberts

Cristina Kirchner, ni monja ni rockera


por Carlos M. Reymundo Roberts



Cristina todavía no volvió a Buenos Aires, como le supliqué días atrás, pero me aseguran que se está ocupando más del país que de sus plantas. Gran noticia. El Contrafrente para la Resistencia (ex Frente para la Victoria) necesita presentar batalla. No hay día sin que alguna novedad se incruste en nuestro sueño de no desaparecer. Dos ejemplos. Esta semana llegó a siete el número de ex funcionarios kirchneristas procesados desde que asumió Macri. Es indignante. No sé qué les pasa a los jueces, que, habiendo tantos temas importantes, están obsesionados con la corrupción. El segundo ejemplo. Gente del propio palo lo está queriendo tirar por la ventana a Ottavis, uno de los líderes de La Cámpora y jefe del bloque de diputados en la Legislatura bonaerense. No lo persiguen por sus últimos fracasos políticos, sino por haberse enamorado de la militante social y activista de los derechos humanos Victoria Xipolitakis. El profesor Luis D'Elía lo puso en castellano antiguo: "Pelotudo come gato, sos el mariscal de la derrota". Me pregunto: qué derrota, si el tipo se ganó a la Vicky. Además, Néstor y Cristina alumbraron un movimiento revolucionario para cambiar el curso de la historia y no para que todo terminara en un debate gastronómico.
Para peor, odio reconocerlo, el Gobierno se está anotando algunos porotos. Parece que va bastante bien la negociación con los holdouts, Macri metió un golazo con los anuncios en la Casa Rosada sobre Ganancias y además viene Obama, que llegará inmediatamente después de ir a Cuba: ya se habla de una gira histórica. Qué injusticia con Cris. Durante años, su mayor objetivo en política exterior era aparecer en una foto con él, y el muy cretino, que la evitaba, volará 7000 kilómetros para venir a abrazar a Mauricio. Cuando estábamos disfrutando nuestro mayor éxito político en mucho tiempo, el extraordinario gesto del Papa de regalarle un rosario a Milagro Sala, Obama le regala al Gobierno esta visita. Lo cual confirma que la Argentina de Macri es el mismísimo infierno.
Por supuesto, estuve en el acto de la Casa Rosada. Fui con la misión de poner cara de traste. No dejé mi kirchnerismo en la puerta, como sí hicieron los gobernadores Insfrán y Manzur. Me indigna que los mismos que aplaudían a Cristina ahora aplaudan a Macri. Y ver a tantos sindicalistas. Me sacó que fuera una ceremonia tan plural, con gente de distintas corrientes, y corta, formal, sin gritos, sin fanatismos, sin recorridas por los patios, sin militancia exaltada. Detesto todo eso porque puede quedar la impresión de que los actos de Cristina eran propios de una barra brava.
Otra cosa llamativa fue que al final el Presidente se acercó a saludar a los invitados de las primeras filas. No corresponde. A la señora le costó años restaurar la autoridad presidencial: no sólo no bajaba a saludar, sino que además el protocolo prohibía acercarse a ella. Clarín publicó esta semana que los empleados de la quinta de Olivos ni siquiera podían mirarla a los ojos. Si se la cruzaban, tenían que bajar la vista o darse vuelta. Perfecto. Un cara a cara con Cris puede ser una experiencia excesivamente fuerte.
Pero volvamos a la realidad de nuestro espacio. Van apareciendo señales de que el Contrafrente se está moviendo en la dirección correcta. El sábado se hizo en el parque Saavedra una nueva "plaza del pueblo", ingeniosa movida de protesta contra el macrismo. Convocada esta vez como "plaza de los artistas", estuvieron Pablo Echarri, Dolores Fonzi, Luisa Kuliok y Cecilia Roth, entre otros cruzados. Fito Páez se llevó las palmas, no sólo por lo que canta, sino también porque lo hace en medio de un profundo ataque de asco. Lo más creativo fue una kermesse en la que para llevarse un premio había que derribar bloques con caras de personas odiosas: el Presidente, María Eugenia Vidal, Griesa? Los chicos estaban felices con ese juego, de clara impronta pedagógica y democrática: si no te gusta alguien, hay que pegarle y pegarle hasta que se caiga.
También dio un paso al frente nuestro bloque de diputados, que se reunió bajo la conducción de Héctor Recalde para sumarse a la resistencia. Resistencia doble: al Gobierno y a los infieles que abandonan la causa. A éstos los espera el peor de los castigos: ni un peso más. En cuanto al Gobierno, el grupo hizo una dura evaluación de los dos primeros meses: habló de inflación, tarifazo, despidos y transferencia de recursos a sectores concentrados. Cuando leí lo de "sectores concentrados" llamé inmediatamente a Recalde para que me aclarara a quiénes se habían referido. Temí lo peor. "Tranquilo -me contestó-. No estamos hablando de los Kirchner."
En los encuentros a puertas cerradas de La Cámpora ha empezado un interesantísimo debate sobre el papel que debe tener Cristina en la lucha. ¿Estratega en las sombras? ¿Principal oradora en las "plazas del pueblo"? Ottavis, acaso influido por la Vicky, tiró una idea. Si está esa exitosa banda de monjas rockeras que acaba de actuar ante el Papa, por qué no pensar en algo parecido para Cris. A ella, por ejemplo, se le da muy bien el baile: la gracia con la que se mueve arriba de los escenarios es un don natural que debería explotar. La propuesta gustó mucho y alguien viajó a Santa Cruz para presentársela.
Nunca volvió.

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