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domingo, 31 de enero de 2016

Suicidios saludables. Por: Enrique Pinti

Suicidios saludables

Por: Enrique Pinti


Dietas milagrosas, energizantes dudosos, supuestas medicinas naturales que ocultan hábilmente en sus promociones publicitarias contenidos anfetamínicos, automedicaciones peligrosas, desenfrenados entrenamientos con actividades físicas inadecuadas para ciertas edades y ciertas características orgánicas, cirugías estéticas no siempre ejecutadas por profesionales serios incapaces de prevenir consecuencias desfavorables en aras de facturar inescrupulosamente o a veces las mismas futuras víctimas aceptan esas intervenciones desprolijas so pretexto de que son hechas por canje publicitario si las personas a operar son medianamente conocidas y pueden aportar prestigio y notoriedad a presunto médico forman un conglomerado delirante que arruina vidas de personas que rifan el tesoro de la buena salud para lograr elevar una autoestima muy pobre y un éxito social que al pasar solamente por el aspecto exterior distorsiona la realidad y sumerge a quienes caen en estas disparatadas maniobras en el caos y muchas veces en depresiones muy difíciles de remontar.
En un mundo de ajustes donde el hilo se corta por lo más delgado y donde los sistemas de salud pública están siempre en riesgo de ser acotados para que cierren las cuentas de gobiernos que privilegian las cifras por sobre las necesidades básicas de los seres humanos es muy habitual que cientos de miles de personas no puedan acceder a planes de salud medianamente eficaces. Por estas razones es incomprensible que tanta gente que puede tener una cierta cobertura médica desperdicie esta oportunidad de oro cometiendo estas autoagresiones por ignorancia, frivolidad y estupidez pura y dura.
Somos hijos del rigor y solo valoramos la salud cuando la perdemos, pero perderla por el desgaste natural de la edad o por factores hereditarios o incluso por falta de prevención oportuna es algo que muchas veces nos pasa por el defecto muy humano de la negación y al no tener síntomas claros dejamos pasar el tiempo y cuando nos queremos acordar las enfermedades nos toman por sorpresa. Todo eso es, si no disculpable, al menos medianamente comprensible, pero arriesgar la calidad de vida por llegar a ser cadáveres estéticos en plena juventud es algo que roza lo absurdo, son como impulsos suicidas disfrazados de autoestima, enmascarados en un deseo de felicidad que solo pasa por lo exterior, por querer ser lo que no es nuestra naturaleza y por descuidar lo único que realmente importa, o sea nuestra verdadera humanidad, nuestro contacto con valores que no envejecen, que no se arrugan, que no pierden lozanía y que no pasan de moda.
"Es incomprensible que tanta gente que puede tener una buena cobertura médica desperdicie esta oportunidad de oro cometiendo autoagresiones por frivolidad"
Pero en un mundo donde todo lo que reluce no es oro pero brilla como tal desde afiches, spots publicitarios y exaltación de la belleza y la proporción ideal del noventa-sesenta-noventa de maniquíes sexys y músculos de gimnasio llenos de plástico, el peligro del suicidio saludable es cada vez mayor y si el regalo preferido por las chicas quinceañeras es una operación de lolas y el viaje de egresados termina con accidentes cardiovasculares por ingesta de supuestos suplementos dietarios, mal vamos en este mundo.
Tantos médicos, científicos y sabios dedican horas y horas para investigar enfermedades y, curarlas y como contrapartida, tanto chanta vendiendo espejitos de colores forman parte de este cambalache mundial del desperdicio de lo único que tenemos: nuestra calidad de vida.

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