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sábado, 16 de enero de 2016

La vaca atada, por Enrique Pinti

La vaca atada

por Enrique Pinti

El sistema democrático se compone de muchos aspectos y el principal es la posibilidad de elegir a las autoridades mediante la votación popular. En algunos países el voto es obligatorio en otros es voluntario pero en todos se respeta la regla de la mayoría a veces mayoría simple y otras la conseguida por electores no siempre representativos de la mayor cantidad de votantes. Sea como sea y de la forma que sea de acuerdo a las leyes vigentes en cada territorio, una vez elegidos los gobernantes estos deberán administrar su poder con medidas que deben proteger a todos los habitantes más allá de ser oficialistas, opositores o indiferentes. Es muy habitual el abuso de los que basados en su mayoría electoral tratan de imponer todo tipo de medidas sin tener en cuenta a los sectores que perjudican y estos sectores perjudicados suelen esgrimir el argumento de que, más allá de los porcentajes obtenidos en las elecciones, ellos forman parte de los que no votaron a las autoridades que ostentan el poder y por lo tanto merecen la consideración de que sean escuchados sus reclamos.

"En democracia nadie tiene la vaca atada; el sistema ofrece posibilidades de reinterpretar las razones del voto cada dos años en elecciones legislativas"

Como de costumbre todos tienen su parte de razón porque si bien es cierto que en democracia el poder es ejercido por el que voto la mayoría también es cierto que muchas veces la suma de las minorías supera en número al que venció pero no hay que olvidar que esas minorías pueden ser muy diferentes entre sí y en lo único que se relacionan es en el rechazo del oficialismo pero por muy distintas razones políticas, sociales y económicas.
Además, y esto es lo más importante, en democracia nadie tiene "la vaca atada" como dice el dicho y, aunque se ostente el poder por voto mayoritario, el sistema permite y ofrece posibilidades de reinterpretar las razones del voto favorable cada dos años al votar por la renovación de diputados y senadores y no sería la primera vez que lo prometido en campaña no se cumple ni remotamente en la práctica y por eso hay que estar muy atento a las idas y vueltas del bienestar o malestar social.
Es claro que la acción de gobierno no debe ir y venir de acuerdo a olas de buen o mal humor popular y que muchas veces es necesario aplicar políticas que pueden resultar antipáticas pero que se consideran indispensables pero también es verdad que en muchas oportunidades esas medidas no han sido las prometidas en la propaganda electoralista. O sea que la democracia en si misma encierra muchas trampas y muchos significados nada fáciles de interpretar lo que si es indiscutible es que sigue siendo el mejor sistema que se conoce y que el quiebre de ese sistema implica muchos más inconvenientes y abusos que los que la democracia puede causar. La peor y más desordenada y abusiva democracia siempre será preferible a cualquier dictadura, el peor desorden de una sociedad democrática es mejor que la quietud de las tiranías donde se oye el silencio de los cementerios.
Mayorías y minorías son el condimento de todas las democracias todos deben ser oídos y respetados con discusiones y polémicas, con debates y movilizaciones pero con la premisa del concepto de que no debemos quebrar la convivencia civilizada o sea asumiendo que nuestros derechos civiles terminan donde empiezan los de los demás. Porque nadie debe tener "la vaca atada".

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