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sábado, 28 de noviembre de 2015

Cristina y Macri: la guerra de Olivos Por Carlos M. Reymundo Roberts

Cristina y Macri: la guerra de Olivos

Por Carlos M. Reymundo Roberts

 

No habían pasado cinco minutos desde que Macri dejó la residencia de Olivos, el martes, cuando recibí su WhatsApp: "Llamame ahora". Eso hice, y lo que me tocó escuchar fue una larga carcajada. Estaba de lo más divertido con el maltrato que le había propinado Cristina, que antes de recibirlo se tomó una dosis doble de Cristinol compuesto. Un exceso. La dosis sencilla de Cristinol la convierte en un soplo de fuego. La doble, en las entrañas mismas del infierno.
Mauricio no podía creerlo. No había ido a esperarlo a la puerta de la residencia, como hace cualquier dueño de casa educado; tampoco lo distinguió con el living, con un cómodo sillón o con un paseo bajo la añosa arboleda de la quinta en esa espléndida tarde primaveral. La reunión fue en una oficina de trabajo, escritorio de por medio, bien formal, bien fría. Y sin fotos, claro. A ver si este muchachito cree que se le va a regalar un retrato para la posteridad sólo por haber sido elegido presidente. Todo habrá durado 20 minutos, como mucho. Los primeros 10 habló ella sobre el acto de traspaso de mando en el Congreso y él no pudo meter bocado. Después siguió el diálogo que reproduzco ahora, en el que la señora desplegó su odio apenas disimulado, su sed de venganza. Mauricio me contó que mientras Cristina hablaba, él se entretenía pensando: que no se muerda la lengua, porque el desparramo de veneno puede hacer estragos.
-Señora, me gustaría hablar también de la transición, de la posibilidad de...
-[Interrumpiéndolo] ...Mauricio, no tan rápido, ¿OK? Hasta el 10 estamos nosotros. Gobernaré hasta el último día. No voy a permitir ninguna intromisión. Vos dedicate a lo tuyo y yo, a lo mío. Voy a hablar más que nunca, voy a seguir haciendo nombramientos, no pienso consultarte nada y di órdenes al Congreso de sancionar un paquete de más de 100 leyes. No pongas esa carita. Sí, más de 100, aunque nos cueste una fortuna.
-No sería un buen gesto democrático que...
- ...Ah, lo único que faltaba: que la derecha me dé una clase de democracia. Mirá, te conozco bien. Lo primero que hiciste ayer [por el lunes] fue dar una conferencia de prensa, cosa de dejarme en evidencia. No te lo voy a perdonar. Además, nosotros nos cansamos de dar conferencias de prensa. Las de Aníbal, todas las mañanas, y las de Capitanich, que eran tan concurridas. En cuanto a mí, no las hice porque la gente prefiere escucharme sin que nadie me interrumpa.
-Cristina, hay cosas que yo tengo que conocer. Por ejemplo, con qué nivel de reservas nos vamos a encontrar.
-Vos sabés mejor que nadie que estamos siendo víctimas de un ataque especulativo de los mercados, de los buitres, de los poderes concentrados. Si para defender nuestra soberanía económica hay que gastar hasta el último dólar, lo haremos. Hoy no lo llamé a Vanoli, pero alguna monedita de los chinos debe quedar.
-Justamente, quería que habláramos de Vanoli.
-No hay nada que hablar. Siempre defendimos la autonomía del Banco Central: Vanoli seguirá respondiendo a las instrucciones que reciba de Máximo y de Kicillof. Ah, me hiciste acordar. Lo del billete de 500 pesos fue otro golpe bajo. Y una falacia. Como decía Néstor, cuando se necesita plata grande hay que pasarse al dólar.
-También te quería hablar de la suba de precios: la Secretaría de Comercio está dejando que se desmadre todo.
-Ahora 12, Mauricio. Ahora 12% de aumento por día... ja ja ja. Así te reciben tus amigos empresarios.
-Insisto: deberíamos buscar una transición ordenada.
-¡Es ordenada! Las órdenes las doy yo.
-Sinceramente, lo del paquete de 100 leyes me parece un desastre. Hablemos de eso. Negociemos.
-Jamás. Ya bastante estamos negociando con nuestros bloques para que firmen. Lo bueno es que no van a tener que leer nada: será a libro cerrado.
-Y a billetera abierta, je. Te tengo una sorpresa: me voy a quedar con uno de tus ministros.
-Randazzo, obvio. Es un traidor, siempre lo fue. Te lo podés quedar: te lo regalo. Tengo un gabinete de lujo, todos 10 puntos, menos él.
-No es Randazzo, es Barañao.
-¿Barañao? ¿En serio? Otro traidor. Nunca me gustó.
-Cristina, actuás como si el país no hubiese elegido ya a tu sucesor. ¡Y un sucesor de la oposición! ¿No se te ocurre pensar que deberías bajar un cambio, dar un paso al costado, no estar hablando todos los días?
-Qué poco me conocés... ¿Desaprovechar el tiempo que me queda? ¿Dejarte el primer plano? ¿Irme en silencio? ¿Achicarme? ¿Parecer una derrotada? ¿Perder la mística? ¿Dejar solos a los míos? Enterate: soy la Presidenta en ejercicio, con plenos poderes, y al mismo tiempo me estoy presentando como la líder de la oposición. Enterate: te presto esta casa por cuatro años. Volveré.
Le pregunté a Mauricio qué había sacado en limpio de la charla.
"Lo único que saqué en limpio es que me va a hacer la guerra sucia."

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