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sábado, 17 de octubre de 2015

Macri: “El kirchnerismo ya pasó: van a quedar como una hoja chiquita de la historia de la Argentina”

Macri: “El kirchnerismo ya pasó: van a quedar como una hoja chiquita de la historia de la Argentina”

 

El jefe de Gobierno porteño da juego a su equipo y busca mostrar que su estilo contrasta radicalmente con el del oficialismo. Dice que está en condiciones de asegurar la gobernabilidad y el cambio político.
Son las 14.45 del miércoles y Mauricio Macri todavía no llega a la redacción de Clarín. Entre los miembros de su equipo de Gobierno que lo esperan –y lo acompañarán en un eventual gabinete nacional– hay un desafío. “Si tarda quince minutos más, duplica”, bromea el ministro de Educación porteño Esteban Bullrich. Se refiere a la multa que impuso Macri para quienes no llegan a horario a las reuniones del Gabinete porteño. Pero eso no ocurre. El candidato presidencial de Cambiemos solo se demora 15 minutos. Por la mañana estuvo en Santa Fe con referentes provinciales. Por la tarde, se hará tiempo para festejar el cumpleaños de su hija menor, Antonia, y para homenajear a Susana Giménez y sumar el apoyo de la diva.
Cuando el jefe de Gobierno ingresa a la sala de reuniones, todos sus colaboradores ya están sentados. No eligieron sus lugares por azar. El secretario de Medios de la Ciudad, Miguel de Godoy, acomodó a cada uno. En el centro, Macri quedará flanqueado por su compañera de fórmula Gabriela Michetti y por Ernesto Sanz, a quien le guarda la cartera de Justicia.
Salvo Alfonso Pray Gay, que lleva una prenda rosa y Ernesto Sanz y Guillermo Montenegro, con una blanca; lucen camisas celestes, el mismo color que eligió el candidato. El es el único que todavía lleva saco y –cuando se lo hacen notar–no tarda en quitárselo y en arremangarse la camisa. Luego de contestar cada pregunta, le cederá la palabra a sus especialistas; a veces con una invitación en broma –“Laburá un poquito, Marcos (Peña)”, a su jefe de campaña y potencial secretario general de la Presidencia– o con una palmada al titular del radicalismo.
Cuando ellos hablan, el jefe de Gobierno anota en una hoja detalles que se olvidó mencionar. También, de tanto en tanto, garabatea. 
Falta su aliada Elisa Carrió, pero Macri la excusa. “No quiere saber nada, dice que laburemos nosotros en arreglar el país, que se quiere tomar un par de años de tranquilidad”, bromea.
Se pone más serio para afirmar que siente que después el día del debate volvió a comenzar la elección, que percibía como congelada, culpa de la “saturación inaceptable” por un calendario electoral tan sobrecargado. Enseguida insiste con una idea que arrastra desde el domingo pasado: “La única encuesta que da certeza, que es la (PASO) del 9 de agosto, muestra que Cambiemos es la única fuerza que puede liderar el cambio. Además tiene la ventaja de que hay una coherencia. Representamos a dirigentes que siempre hemos señalado los inconvenientes del kirchnerismo: no fuimos ni jefes de gabinete ni ministros”, dispara.
La alusión a Sergio Massa no será la única. Habrá otras más picantes, explícitas y directas. Por ejemplo, cuando la pregunta es si confía o no en el perfil opositor del candidato de UNA, dice: “La oportunidad de ratificar la confianza va a ser después del 25 de octubre. Más alla de su actitud combativa –que se le reconoce– como su capacidad, todo el esfuerzo que ha puesto, el vigor. Fue jefe de Gabinete, compartió muchos años del gobierno desde la ANSeS y fue dos veces candidatos testimonial”. Rogelio Frigerio, otro de sus referentes económicos, aporta más dudas sobre el líder del Frente Renovador. “Lo llevó a (Amado) Boudou y nunca lo escuché hacer una autocrítica”, señala el actual titular del Banco Ciudad. Macri, sin embargo, elige señalar al Gobierno. “Ellos ya pasaron, el kirchnerismo ya pasó, van a quedar como una hoja chiquita de la historia de la Argentina, estamos discutiendo los próximos 25 años, no lo que haya hecho Sergio Massa”, afirma. Enseguida agrega: “Ellos son los que están todo el día manijeando qué va a pasar entre Macri y Massa. Buscan que entremos en una pérdida de energía inútil”. La razón de esa estrategia para el jefe de Gobierno es clara: “Esos tipos están preocupadísimos porque saben que entramos en la segunda vuelta y que no nos van a ganar”, diagnostica.
Para que eso suceda y surgiera Cambiemos –recuerda– Sanz tuvo que “parir en Gualeguaychú”; el PRO, convertirse en “un partido nacional” y Carrió, “recompaginar un montón de opiniones horripilantes” sobre el propio Macri.
La lucha contra el narcotráfico es lo que más le preocupa. Es el eje de Gobierno que más se demora en desarrollar. Y vuelve a recordar cuando era diputado y el entonces presidente de Colombia Alvaro Uribe le manifestó su preocupación por la falta de reacción del Estado nacional ante la advertencia de que muchos narcotraficantes se estaban radicando en el país. Entonces vuelve a disparar contra contra Daniel Scioli y –otra vez– contra Massa. “No tuvieron una acción contundente para evitar que el narcotráfico avance”, insiste.
Cuando se le plantean los interrogantes que el kirchnerismo agita sobre la dificultad para garantizar la gobernabilidad con un Congreso muy dividido, recuerda que en la Ciudad el PRO gobernó siempre con minoría en la Legislatura. “Las personas que quieren un cambio no dudan de nuestra gobernabilidad ni de nuestras intenciones. Enfrente hay un Gobierno que no enamora a nadie, no genera confianza, y al que lo único que le queda es atormentar diciendo cosas horribles de Cambiemos. Les dicen que les vamos a sacar lo poco que tienen. ¡Es mentira!”, se planta. Michetti respalda su posición y Sanz es el más enfático: compara a los gobernadores con los sindicalistas, porque ambos grupos necesitan que crezca el empleo. “Nuestra idea de gobernabilidad tampoco es ingenuidad. Estamos dispuestos a usar todas las herramientas legales y del Estado para garantizar la gobernabildiad. No vamos a ir al Gobierno para pedirle permiso a La Cámpora”, advierte el senador mendocino.
Ni Macri ni sus colaboradores (ni los periodistas) comen los sandwiches o las masas servidos en la mesa. Unos pocos tomán té o café. El líder del PRO apenas bebe un poco de agua que le sirve su compañera de fórmula y habla del optimismo que ve en la gente. Asegura que él y su equipo están listos para “representar a los socialistas, a los peronistas que no están identificados con el kirchnerismo (como Carlos Reutemann)”. Cuando agrega en ese listado a los dirigentes gremiales, evoca el acto del monumento a Perón, al que asistió Hugo Moyano y chicanea a Sanz –a quien ya acusó en broma de gorila– “le gustó mucho”, dice. También incluye a los docentes y a los productores. “Estamos tranquilos tratando de comunicarnos con los votantes de (José) de la Sota, Massa, (Margarita) Stolbizer, (Nicolás) Del Caño. Estamos listos para representarlos, con humildad, sabiendo que somos falibles. Creo que se va a generar un movimiento que garantice tener un balotaje”, señala. Insiste en su intención de representar al 60 por ciento que quiere un cambio. ¿Qué lugar imagina que ocuparán los kirchneristas? “Están convencidos fanáticamente de lo que predican. Seguirán sosteniendo esas banderas y esperamos que de a poco, cuando vean que no estamos para pelear sino para construir, vayan reduciendo sus niveles de agresividad. Van a intentar todas las maldades, como hicieron estos ocho años en la Ciudad, pero la gente quiere salir adelante”, confía. Guarda un dardo más para el kirchnerismo, que “tuvo el mayor viento a favor de la historia y no construyó herramientas de crecimiento”. “No tienen definido ni siquiera una coherencia en la conducción. No se sabe si conduce Cristina (Kirchner), (Carlos) Zannini, Scioli, Aníbal Fernández, Máximo (Kirchner) o La Cámpora”, carga.
Se entusiasma más cuando habla de propuestas, de crear los dos millones de puestos de trabajo que el país necesita. Un cuarto de ellos, saldrá del sector energético, que se propone recuperar con energías sustentables como la eólica y la solar; la biomasa –“para impulsar industria maderera”– y con subir el porcentaje de alcohol en naftas –“para estimular la producción de caña de azúcar en el Norte”– y del etanol, para fomentar al maíz. Igual, advierte: “Hoy no tenemos la energía para sostener el crecimiento. Por eso el Gobierno inventó el relato de YPF”. A (Miguel) Gallucio, CEO de la petrolera estatal, le deja una puerta abierta. “Evaluaremos sus resultados”, dice.
No promete una agencia que luche contra la corrupción, pero señala que no quiere tener relación o pedirle favores a los jueces federales de Comodoro Py. “Habrá cero impunidad”, pronostica.
Sobre los ministerios que le falta definir, adelanta que convocará a técnicos ajenos al mundo de la política, pero rechaza que, de cara al balotaje, pueda guardar esas vacantes para referentes de los otros partidos opositores. “Hay un equipo que está preparandose para gobernar la Nación”, afirma y, (bastante) puntual para llegar, dice que ya es hora de irse. 

Participaron de esta entrevista: Marcelo Canton, Eduardo Paladini, Ignacio Miri, Marcelo Helfgot, Ezequiel Burgo, Carlos Galván y Guido Carelli Lynch

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