miércoles, 30 de septiembre de 2015

Nunca más al siniestro de Once Por Alfredo Leuco

 

Nunca más al siniestro de Once

Por Alfredo Leuco

Siento orgullo por un fiscal como Fernando Arrigo que tuvo el coraje bien puesto y en su alegato demostró que busca juicio y castigo para los responsables de lo que prefiero llamar siniestro del tren de Once, siniestro en todo el sentido de la palabra.
Digo siniestro y no tragedia porque esa palabra se asocia a lo inevitable y mucho menos, quiero hablar de accidente. No hay accidente cuando el estado, los empresarios y los sindicalistas conforman un triángulo mafioso y generan las condiciones para que solo un milagro salve a los pasajeros de ese cementerio sobre rieles
Siento orgullo por un fiscal al que no le tembló la mano en su intento de que se aplique todo el peso de la ley a los delincuentes que produjeron 51 muertes más un bebe que estaba en la panza de su madre y 789 heridos algunos de ellos de gravedad.
Veremos  que dicen los jueces. Pero el fiscal con una argumentación impecable pidió más de 10 años de cárcel para Ricardo Jaime, Juan Pablo Schiavi, los hermanos Cirigliano y otros funcionarios kirchneristas que dependían del ministro Julio de Vido a quien también se mantiene bajo investigación. Recuerdo que en su momento Paolo Menghini exigió la renuncia de De Vido. Si sabía, por complicidad con la corrupción y si no sabía, por inútil.
Como diría Cristina: no fue magia. Fue un crimen de lesa corrupción cometido desde un estado encabezado por la presidenta de la Nación.
Siento vergüenza ajena por el silencio de este gobierno. Apenas unas palabras sueltas y de compromiso frente a semejante masacre. Me cuesta comprender esa actitud negadora de ni siquiera mencionar el tema durante tanto tiempo. Fue una tozudez y una crueldad que lastimó más a los familiares. Al ningunear el tema, pretendieron ocultar el horror de un siniestro que conmovió a la Argentina. Como dijeron los familiares:” para el gobierno, la tragedia no existió”.
Siento vergüenza ajena por los funcionarios nacionales del transporte con Ricardo Jaime y Juan Pablo Schiavi a la cabeza que estuvieron más preocupados por sus negociados y por responsabilizar a las víctimas que por la seguridad para viajar de los pasajeros.
Siento vergüenza ajena por los empresarios, empezando por los hermanos Cirigliano, que tenían que devolver como retorno coimero gran parte de los millones y millones en subsidios que les daba el gobierno y privilegiaban su rentabilidad en lugar de invertir para que los trenes funcionaran como tenían que funcionar y no se convirtieran en un cementerio que transita por las vías.
Siento vergüenza ajena por muchos para-periodistas oficiales que callan por miedo a las sanciones del gobierno nacional. Temen que los echen de sus trabajos o que les quiten el único combustible que los mantiene en pie: la pauta oficial. ¿O es producto de la casualidad que los diarios y los cronistas militantes casi no hablaron del tema durante estos 43 meses? ¿O también en este tema siguen las enseñanzas de la presidenta? El más repugnante fue Víctor Hugo Morales que no conforme con defender a malandras de la calaña de Amado Boudou o Lázaro Báez, atacó a los familiares de las víctimas. María Lujan Rey, la madre coraje de Lucas Menghini, le respondió algo demoledor: “Cuando por obsecuencia se justifican muertes inocentes se convierte en un ser despreciable. De ese lugar no se vuelve”.
Siento vergüenza ajena por muchos dirigentes de los derechos humanos como Hebe Bonafini y Estela Carlotto que se taparon la cara con la camiseta kirchnerista para no ver lo que pasó y justificar su indiferencia. Lo mismo que le pasa a tantos artistas ladriprogresistas que se llenan la boca hablando de los sufrimientos del pueblo pero que no se solidarizaron jamás con los familiares para no ser castigados por Cristina y poder seguir cobrando fortunas que pagamos todos por participar en los recitales oficialistas.
Siento vergüenza ajena porque aún hoy, el maltrato oficial, a tres años y siete meses del horror ferroviario, condena a muchos heridos y sobrevivientes a mendigar lo que les corresponde.
Siento vergüenza ajena por todo lo que hace a las víctimas más víctimas y las vuelve a matar con el silencio y la insensibilidad.
Finalmente siento orgullo por los familiares.
Siento orgullo por esos padres y madres valientes, por esos esposos, por esos hijos y hermanos que tienen una entereza y una dignidad que emociona. Y por los que se animaron a acompañarlos solidariamente como Juan Carr, Juan José Campanella, Nora Cortiñas o Adolfo Pérez Esquivel, entre otros.
Los muertos eran estudiantes, trabajadores, soñadores, novios, amigos, una vida por nacer en una panza floreciente, tímidos, audaces, solitarios, familieros, eran como cualquiera de nosotros, porque cualquiera de nosotros podría haber estado en su lugar. Son muertos que llevamos adentro. Que laten en nuestro corazón. Aunque el poder mire para otro lado.
Son “madera noble, roble su corazón”, como dice la canción de Lucas, porque siguen peleando por memoria, verdad, juicio y castigo a los culpables para que Nunca más haya crónicas de tragedias anunciadas. Para que Nunca Más, haya viajes hacia la muerte.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

LinkWithin

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...

Buscar este blog