domingo, 5 de abril de 2015

Scioli aceptó todo, pero sigue la desconfianza por: Ricardo Kirschbaum

Scioli aceptó todo, pero sigue la desconfianza

Del editor al lector

Cristina busca subordinación. Como todos aquellos que han ejercido el poder durante un largo tiempo –la Presidenta lo ha disfrutado en diferentes estadíos desde que Néstor ganó la intendencia de Río Gallegos en la década del 80– su ilusión es prolongar su liderazgo aunque deba pagar un precio. 
 
Ese precio se llama Daniel Scioli, quien consiguió ser aceptado en la escudería oficialista aguantando el destrato y la descalificación. Su táctica para conseguir ser uno de los dos precandidatos presidenciales kirchneristas es, al parecer, aceptar cualquier condicionamiento sin resistir. Su objetivo es disputar las primarias con Randazzo, el ministro que por un momento se sintió como el elegido de Cristina, que lo es de alguna forma, presentándose como el albaceas más leal del fideicomiso político de los Kirchner. La diferencia entre Scioli y Randazzo es que el gobernador no depende exclusivamente del aporte oficial sino que tiene capital para aportar a esta sociedad. Lo que para cualquier político es un valor para el kirchnerismo es un peligro: ¿Y si Scioli consigue la candidatura y entonces comienza a diferenciarse? Es seguro que lo necesita: con los votos del núcleo duro (que recela de su lealtad) y algún sector peronista, no alcanza. Necesita mostrarse distinto para los que rechazan el blindado sectarismo kirchnerista. Pero ese objetivo puede ser sólo una expresión de deseos. Dicen que Scioli tomó precauciones por si de la noche a la mañana Cristina lo deja en la banquina. Un ¿ex? operador político de Cristina, presuntamente alejado de la Casa Rosada por su proximidad con Scioli, estuvo sondeando la disposición de Sergio Massa de convertirse en el candidato a gobernador bonaerense. La gestión tuvo un final cantado: fracasó. El jefe del Frente Renovador sigue confiado en sus posibilidades presidenciales y habría intuido que en ese tanteo, que llegó a sus orillas pero no es seguro que se lo hayan planteado directamente, podía estar la mano permanentemente intrigante de Carlos Zannini. Hay otra posibilidad: que hayan dejado trascender esa gestión para mostrarle a la Casa Rosada alguna osadía si se imponía allí la versión más dura del candidato propio y, de paso, bajarle el precio al candidato del Frente Renovador.
Massa está replanteando su estrategia porque lo necesita con urgencia. La apuesta a que un tropezón de Scioli lo robustezca implica también apostar a una equivocación de Cristina. Su optimismo está intacto: deberá acertar en una política que consolide lo que ya tiene y que le permita mantenerse competitivo mostrándose abierto a los sectores que están encolumnándose con Macri.
Esta es una cuestión interesante: una buena parte del electorado que se disputan Macri, Massa y Scioli en algún momento han tenido a alguno de ellos como su referente. De allí a que el jefe de Gobierno porteño, enredado en una interna todavía incierta en el distrito, haya optado por mostrarse como el único no peronista de los tres. Esta es sólo una ilusión óptica por ahora, pero el planteo es eficiente para su crecimiento indudable en las expectativas de la gente. Y también debe vigilar cuánto se irá hacia el centroizquierda de Margarita Stolbizer: ese caudal no será marginal para una disputa en la que lo que parece hoy estar en juego es llegar a la segunda vuelta, donde empezará otro partido y el reparto de adhesiones será muy distinto.

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