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sábado, 18 de abril de 2015

Patoterismo de estado Por Alfredo Leuco

Patoterismo de estado 

Por Alfredo Leuco

Ya dijimos muchas veces que uno de los peores venenos que trajo el kirchnerismo a la vida republicana es considerar al estado como algo de su propiedad. Siempre utilizo la misma figura porque es muy gráfica: Cristina actúa como si fuera la dueña de la Casa Rosada y no la inquilina a la que se le vence el contrato a fin de año. En todos los terrenos se comportan como señores feudales y hacen uso y abuso del aparato estatal. Han convertido al estado, que es de todos los argentinos, en un instrumento personal de premios para los militantes y castigo  para los disidentes. El plan sistemático de copamiento tiene varias fases. La primera es la identificación de aquellos empleados que no son kirchneristas ni se arrodillan frente al altar de Cristina. El segundo paso es el hostigamiento permanente y la persecusión de esos trabajadores hasta llegar a despedirlos y dejarlos en la calle. La tercera movida perversa es hacer ingresar a militantes de La Cámpora o amigos y familiares de los funcionarios en forma ilegal y con el objetivo de subsidiar su militancia con el dinero de todos y de convertirlos en palos en la rueda, en quinta columnistas del próximo gobierno. Han sembrado todos los ministerios de cuadros políticos que en muchos casos no tienen la preparación necesaria ni los requisitos para desempeñarse en esos cargos. Han convertido a la obsecuencia partidaria y al verticalismo militante en la principal virtud. No importa si tienen excelencia profesional y son buenos administradores. El que no va a los actos de Cristina y el que no se transforma en cómplice de los delitos de encubrimiento se convierte de inmediato en un traidor, en un facho, en un gorila al que hay que despedir lo mas rápido posible.
Hay muchísimos casos que demuestran que se trató de un mismo mecanismo aplicado con ferocidad. Hay algunas personas que son muy conocidas por la opinión pública por la relevancia del cargo que ocupaban. Ayer hablabamos con una, de ellas, Cynthia Pok, la encargada de la Encuesta de Hogares del INDEC que junto a Graciela Bevacqua, la responsable del número del Indice de Precios al Consumidor, fueron literalmente barridas por la patota de Guillermo Moreno. Hasta el mismísimo Horacio Verbitsky reconoció que el desembarco de Moreno fue a mano armada. Los que no aceptaron mentir, malversar las estadísticas, dibujar la inflación, fueron marginados y  agredidos con insultos y humillaciones públicas. Eso se llama patoterismo de estado. Y es un delito de lesa falta de humanidad.
Hace un tiempo en este programa revelamos el caso de Laura Haag, eficiente abogada de la secretaría de Energía. El propio Daniel Cameron le confesó que le cortaban la cabeza por las opiniones políticas de su pareja, Cristian Folgar. Ni hablar de las dos principales víctimas de la Inspección General de Justicia donde históricamente el periodismo iba a recabar datos para las investigaciones sobre corrupción. A Silvina Martínez y Fernando Scanavino los quisieron obligar a que miraran para otro lado en los expedientes donde había irregularidades o negociados de gente del palo, de compañeros. Es decir que los apretaban para que cometieran delitos con ellos, para que ensuciaran las manos y violaran la ley. Cuando el periodismo empezó a averiguar sobre el caso Ciccone y se multó a The Old Fund, la empresa de los malandras amigos de Amado Boudou, la sangre llegó al río y Martinez y Scanavino, excelentes funcionarios honrados y capaces se quedaron sin trabajo. 
A Sandra Votta en la cancillería le pasó algo parecido. Cecilia Nahón la actual embajadora en Estados Unidos le prohibió leer el diario Clarín. Ella le contestó que ya era grande como para que le ordenaran que leer y que no. Despues hubo una nota en Clarín y acusaron a dos secretarias de haber filtrado información y les echaron pese a que estaban embarazadas. Los camporistas en el estado son salvajes, no tienen corazón ni estómago. Están haciendo la revolución, se están haciendo millonarios y todo el que se interponga en su camino hay que sacarlo de inmediato por las buenas o por las malas. Sandra Votta denunció esos despidos injustos e ilegales y la echaron.
Siempre el mismo mecanismo. En la nueva Secretaría de Inteligencia repitieron el formato. Llenaron los cargos con gente que tiene carné de cristinista y eso es como una patente de corso o un certificado de impunidad. A los enemigos ni justicia. Si sos de los nuestros podes hacer lo que quieras y serán muy bien remunerado. A los que piensan distinto hay que marginarlos y sacarlos de la cancha. 
Esta metodología perversa es tan difundida que las víctimas de semejantes injusticias han fundado una Organización No Gubernamental llamada ” Juntos por el trabajo en Libertad”. Denuncian la violencia laboral del estado. Las arbitrariedades de todo tipo y las incorporaciones ilegales que hicieron violando todas las reglas. La periodista Silvina Heguy en un minucioso trabajo de investigación rescata la opinión de Margarita Stolbizer que dice que en esta avanzada represiva se han cometido todo tipo delitos como el abuso de poder, la defraudación a la administración pública, la malversación de los caudales y la violación de sus deberes como funcionarios. 
Los muchachos de Cristina convirtieron al estado en un botin de guerra y se lo reparten como si fuera de su propiedad. De paso han instalado bombas de tiempo en todos lados que le explotarán al próximo gobierno. Eso obliga a todos los dirigentes opositores a darle respuesta a la víctimas de semejante atropello y a ponerse de acuerdo para que no sigan recibiendo un sueldo pagado  por todos nosotros los que fueron instrumentos de las extorsiones y los aprietes. Necesitamos funcionarios honestos y capacitados en el marco de una meritocracia al servicio de los que menos tienen y mas necesitan. Repudiamos a los que ponen al estado al servicio de su partido y de su bolsillo. Eso no es progresismo. Eso es ladriprogresismo. Y patoterismo de estado.

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