domingo, 15 de marzo de 2015

Oscuro juego en la muerte de Nisman. Por Julio Blanck

Oscuro juego en la muerte de Nisman

Escenario

Salvo la certeza de la muerte, de la que esta semana se cumplen dos meses, casi todo es confuso, impreciso, incierto, en el caso del fiscal Alberto Nisman. Hay una mezcla espesa de recursos insuficientes, probable impericia, intereses parciales, operaciones de prensa y maniobras deliberadas para desviar la atención de los investigadores y del público. Y, sobre todo, la desoladora impresión de que las necesidades políticas se anteponen a la búsqueda de la verdad, si esta fuera posible.
Contribuye a este cuadro de situación la nauseabunda campaña contra la figura de Nisman, basada en ventilar aspectos reales o supuestos de su vida privada. Es un martilleo sistemático ejecutado con aires de frivolidad farandulera o de súbito interés periodístico, a través de medios y personajes que orbitan en el muy bien lubricado universo multimediático oficialista. Se trata de destruir la imagen de Nisman para desacreditar su arriesgada acusación a Cristina, por el supuesto encubrimiento a Irán en el ataque a la AMIA.
En este contexto, construido con premeditación y alevosía, los lentos avances y retrocesos en la investigación aparecen como contradicciones insalvables que empujan la causa hacia una temida indefinición permanente. Pero en algún caso también esas contradicciones son parte de la imaginería de la confusión. 
Así por ejemplo, esta semana se comentó en altas fuentes del Palacio de Justicia que las pericias oficiales por la muerte de Nisman y el informe de los peritos contratados por su ex mujer, la jueza Sandra Arroyo Salgado, no serían tan divergentes entre sí como se las pretendió mostrar. 
Los peritos de Arroyo Salgado concluyeron que Nisman había sido asesinado. La investigación oficial que lleva la fiscal Viviana Fein todavía no logró sustentar su tesis inicial de suicidio. ¿Dónde está la raíz de semejante diferencia? Al parecer, los peritos forenses –que dependen de la Corte Suprema pero tienen absoluta autonomía funcional– habrían llegado a conclusiones suficientes como para hacer tambalear la versión de muerte por suicidio. Pero algunas precisiones de ese trabajo pericial no estarían siendo consideradas en profundidad y se mantendrían bajo un cono de reserva. 
Quizás haya razones de orden procesal que así lo aconsejan. O necesidades de tipo político. Son cuestiones que seguramente debe sopesar la laboriosa fiscal Fein. Y quizás las consulte con su interlocutora habitual, la procuradora kirchnerista Alejandra Gils Carbó.
Hay demasiada gente interesada en embarrar la cancha. El diario La Nación informó que una semana atrás, en coincidencia con la difusión del informe de los peritos de Arroyo Salgado, recibió una versión falsa de un informe del mismo origen pero con conclusiones diferentes, que ponían en cuestión la afirmación del asesinato. 
La operación fue revelada por el mismo diario este jueves, junto con la primicia sobre los detalles de la mecánica de la muerte de Nisman según el informe del equipo de peritos que encabezan Osvaldo Raffo, Daniel Salcedo y Julio Ravioli. Allí se describe la hipótesis de que el fiscal estaba con una rodilla en el piso, en el baño de su departamento, cuando el asesino le disparó en la cabeza. 
El viernes, Clarín reveló que según ese mismo informe, el cuerpo de Nisman habría presentado claros signos de haber sido arrastrado de un brazo hasta ser acomodado en la posición en que fue encontrado por su madre y por los custodios policiales que estaban encargados de su seguridad. Un juez que sigue con interés los detalles de este caso afirmó que la conducta de los policías en aquel 18 de enero puede calificarse como “zona liberada o cuando menos un encubrimiento seleccionado”.
Nada de esto está comprobado con fuerza legal. Son conclusiones de parte que ni la fiscal Fein ni la jueza Fabiana Palmaghini han hecho suyas, al menos todavía. Pero marcan con fuerza un escenario que desde otros sectores se trata de borronear.
Las acciones de la jueza Arroyo Salgado apuntarían a poner en el centro de las sospechas por el presunto asesinato de Nisman a Diego Lagomarsino, el colaborador informático del fiscal, a quien dijo haberle prestado la pistola calibre 22 de la que salió el balazo mortal.
Lagomarsino ya había sido transformado en principal sospechoso por la Presidenta cuando giró sorpresivamente en enero de la hipótesis del suicidio a la del homicidio, sin pruebas pero sin dudas según sus palabras de entonces. Después esa línea fue abandonada por el Gobierno. Ahora, llamativamente, la retoma Arroyo Salgado. 
Fue la ex mujer de Nisman quien pidió el allanamiento de la casa de Lagomarsino buscando datos en sus computadoras, cincuenta días después de la muerte de Nisman. También fue ella quien solicitó que se investigue si su ex marido tenía una cuenta bancaria en común con Lagomarsino, en un banco internacional con oficinas en Puerto Madero.
El abogado de Lagomarsino contestó con una declaración que pareció una advertencia: admitió que su defendido no había revelado datos patrimoniales de Nisman en su primera declaración judicial “en homenaje a la memoria” del fiscal. Pero que si lo citaban por este asunto daría esos datos “con enorme precisión”.
Maximiliano Rusconi es el muy cotizado abogado de Lagomarsino. Quienes frecuentan el edificio de Tribunales sostienen que es “demasiado caro” para un cliente como el técnico informático. ¿Quién le paga? Rusconi ya se encargó de explicar que sus honorarios serían poco más que simbólicos, porque conocidos comunes le habían pedido defender a Lagomarsino. 
Para observadores judiciales esto sigue siendo extraño, dentro de una incógnita mayor: ¿cuál era el verdadero papel de Lagomarsino en la fiscalía especial del caso AMIA que conducía Nisman?
También resultan enigmáticos algunos de los pasos que está dando la jueza Arroyo Salgado, que actúa con llamativa frialdad y dominio de la situación. Si bien se coincide con que las características de la escena de la muerte y la personalidad de Nisman no encajan en absoluto con la hipótesis del suicidio, tampoco estaría claro cuál habría sido el móvil del homicidio. 
“Si no se determina el por qué del homicidio o del suicidio todo queda en la nebulosa”, dice un magistrado que lidió con causas enmarañadas en décadas de carrera. 
Mientras tanto el abundante costo político sigue recayendo sobre el Gobierno y sobre la Presidenta. De allí la urgencia porque la denuncia de encubrimiento por el ataque a la AMIA quede cerrada. El fallo inicial del juez federal Daniel Rafecas va en ese sentido, pero la apelación del fiscal Gerardo Pollicita ante la Cámara Federal está en trámite. El juego de presiones sobre los camaristas federales es fabuloso, según trasciende abiertamente en fuentes judiciales.
Sin embargo, la muerte de Nisman no es algo que pueda clausurarse fácilmente. 
A través del jefe de Gabinete Aníbal Fernández, que está manejando con prudencia y habilidad discursiva la postura oficial en el tema, el Gobierno hizo saber que está preocupado por los cruces entre Arroyo Salgado y la fiscal Fein, porque ponen en “pésima situación” a la causa. 
Aníbal relativizó la consistencia del informe de los peritos de parte que determinaron el asesinato y respaldó el trabajo de la fiscalía que lleva el caso. Está claro que todo cuestionamiento a la morosa investigación de la fiscal Fein afecta la posición del Gobierno. 
Por cierto los líderes de la oposición, empezando por los precandidatos presidenciales, tampoco ponen en demasiada dificultad esa carrera del kirchnerismo hacia la neutralización del tema como fuente de daño político. 
Una diputada opositora de alto perfil recordaba, en una conversación privada, palabras dichas en el comienzo de este trágico caso por el reconocido filósofo Santiago Kovadloff: “Que los candidatos quemen el manual del marketing”. Nadie lo hizo. 
“Todos seguimos mirando los números. Y si la gente quiere Disney les vamos a dar Disney” agregó la legisladora con amargura, refiriéndose a quienes se aprestan a dar muy pronto la batalla electoral por el poder político.
Es como si el caso Nisman fuese apenas un insumo más de la campaña, a ser usado o dejado en segundo plano según la conveniencia del momento. Como si a nadie le resultase conveniente asomarse al costado oscuro de la Argentina que la muerte de Nisman insinúa con ferocidad, y mucho menos a afrontarlo. 
También eso habla de la calidad política que supimos conseguir.

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