domingo, 5 de enero de 2014

Un año medio flojito en ideas POR ALBERTO AMATO A

Un año medio flojito en ideas

POR ALBERTO AMATO A

 

 

Quisiera que alguien me explicara el crecimiento patrimonial de los Kirchner”. La frase, en apariencia inclemente pero con un dejo de ingenuidad, la lanzó hace justo un año el actor Ricardo Darín. En el Gobierno los resortes saltaron todos juntos, como no saltaron cuando la última crisis energética que nos dejó el mal recuerdo de un diciembre a oscuras y de un país partido.
La Presidente en persona le contestó al actor, le recordó una antigua causa judicial que lo tuvo como protagonista y que obligó a Darín a aclararle a la Presidente cuál era su contexto jurídico. Y otro actor, Federico Luppi, cabeza visible de las simpatías kirchneristas en el mundo del espectáculo, remedó viejos éxitos de su estirpe de galán recio, tipo “Plata Dulce” o “El Gran Deschave”, y clavó a Darín con una frase de enterrador: “Más que ingenuo, es un pelotudo”.
Unas pocas horas después, Hebe Bonafini atacó a la Corte Suprema y al Poder Judicial en pleno con otra frase de lápida: “Cuando nos cansemos, entraremos a Tribunales”. Meses más tarde, algunos fallos judiciales que en teoría favorecieron al Gobierno, aplacaron en Bonafini sus ansias constantes de tomar los palacios de invierno.
Los dos ejemplos, tomados al azar, son una muestra, en frasco chico, de cómo se dio en el año que por fortuna acaba de terminar el debate político en el país. Un rosario de guarangadas, sandeces, bobadas, desatinos, bravuconadas, patoterías y disparates que pintan a brochazo gordo ciertos aires culturales, por así decirlo, que nos marcan como sociedad. Es una condena: la chatura conduce a más chatura, a más decadencia.
“Calláte, atorranta”, gritó el diputado Andrés Larroque a su par del PRO, Laura Alonso, en el debate por el acuerdo con Irán sobre el atentado a la AMIA. Convengamos que el legislador Larroque no va a pasar a la historia por haber expresado su pensamiento político no ya en alguna pieza literaria, sino al menos en algún discurso que haya quedado grabado a cincel en las paredes del Congreso, que guardan ecos de debates memorables. Quedar en la historia por esas frase de dos palabras chusca y cerril, pinta una concepción política: en el debate de ideas, el otro tiene que callarse. Como es sabido, el estilo hace a la persona.
“Pienso en un proyecto eterno”, dijo la inefable Diana Conti también hace justo un año, y mucho antes de que las elecciones de agosto y octubre pusieran cierto marco temporal a su concepción de la eternidad. Algo pasa en el mundo político argentino en el que ni los ministros parecen cómodos en su función.
“Me quiero ir”, balbuceó en abril, cercano a la desesperación, el entonces titular de Economía, Hernán Lorenzino, ante una pregunta básica y elemental de la periodista griega Eleni Varvitsiotis que quiso saber cuál era el índice real de inflación. Al final, Lorenzino se salió con la suya: no respondió la pregunta y dejó el ministerio. El canciller Héctor Timerman dijo en Londres “Argentina controlará las Malvinas en veinte años”. Los kelpers le contestaron por Twitter: “La Argentina tiene más chances de tener su bandera en la Luna”. Y al día siguiente, Timerman imploró: “Por favor, tómenme en serio”.
El Gobierno sembró a palos. Y si no, recuerden el consejo del entonces secretario de Comercio Guillermo Moreno a los supermercadistas sobre el control de precios: “Pueden apretarles las bolas a los proveedores y productores”, un ejemplo de que en la Argentina ya no se discuten programas: tenemos métodos, como rezaba el viejo chiste.
A la hora de cosechar lo sembrado, hubo de todo. Y todo en el mismo tono. Luis Barrionuevo, de la CGT Azul y Blanca, alertó: “La corrupción que ha tenido este gobierno no tiene comparación en la historia, es tremenda”. Y se supone que Barrionuevo sabe de qué habla. “Si la Presidente continúa con el actual gabinete va a terminar muy mal”, vaticinó Domingo Cavallo, que de terminar mal entiende un rato. “La Presidente es una megalómana que no tiene vergüenza”, dijo Julio Strassera sobre el proyecto del Gobierno de “democratizar la Justicia”. “La Presidente tiene como un reflejo de comadre de barrio”, dijo Beatriz Sarlo a sabiendas de que la comparación iba a hacerle tanta gracia a la Presidente como el escopetazo al pato. “Yo la conozco a Cristina más que los que son fanáticos. Cristina Kirchner nunca ha leído un libro completo, por simple superficialidad”, dijo Elisa Carrió, que sabe adónde pegar. Y ni hablar del resoplido destemplado del presidente uruguayo José Mujica al evaluar su experiencia con los Kirchner: “Esta vieja es peor que el tuerto”.
Las respuestas a un desaguisado fueron más desaguisados. Así no hay quien viva. “El Norte del Gobierno no es cuidar la inflación, que está recontracuidada”, dijo María Lucila “Pimpi” Colombo en lo que pareció una tomadura de pelo general. Después, su jefe, el indecible Moreno, creó un llavero opositor a la candidatura opositora de Sergio Massa en el PJ: “+a=b, b=boludo”. Héctor Daer, jefe del gremio de la sanidad, le contestó veloz de reflejos: “Boludo es el que dice que se puede comer con seis pesos al día”. Massa arriesgó en julio: “Con La Cámpora y Moreno la Argentina no tiene futuro”. La Presidente le contestó el mismo 28 de julio: “¡Qué futuro tenemos los argentinos, la puta madre!” O hay dos países y no nos hemos dado cuenta, o alguien tiene una visión distorsionada de una misma realidad.
Como balance de un año de discusión de ideas, el resultado es bastante pobre.
Después, hubo chicanas para todos los gustos: “Ganamos en la Antártida y en la comunidad Qom. No lo pasaron en ninguna parte. Esto es ocultamiento y distorsión”. “Hasta en las villas hay antenas de DirectTV”. “En realidad, no hay ningún cepo”, las tres de la Presidente, la primera referida a las elecciones de agosto. Hubo otra chicana presidencial, ante la Asamblea Legislativa, el 1° de marzo:“Esta es la década ganada por todos los argentinos”, frase que inauguró el mito ilusorio del mismo nombre.
Y, entre las admisiones dolidas de la volátil realidad política, aún se oye: “Fue una cagada a palos tremenda”, del dirigente del PJ Mario Ishi después de las PASO, “Este gobierno tiene que terminar lo mejor posible”, de Daniel Scioli tras las legislativas de agosto y “Que se vaya a la mierda el kirchnerismo”, de la jujeña Milagro Salas.
No es que no haya habido debates serios, aportes de ideas, sentido común y frases para enmarcar. Pero fueron la excepción y no la regla. Al revés que hace unos años. Ha de ser porque, como sintetizó la embajadora de Estados Unidos Vilma Martínez al dejar su cargo en Buenos Aires, “La vida en la Argentina es complicada”.
Como sea, o elevamos la puntería del debate, o nos comen los leones, al decir del inolvidable Tato Bores.
En 1968, los estudiantes parisinos pintaron en los muros de La Sorbona muchas leyendas. Una decía: “Desabrochen el cerebro tantas veces como la bragueta”. A modo de interpretación y como deseo para el nuevo año, abramos la mente en 2014 tanto como abrimos la boca en el año que se fue.
N. de la R: La columna de Alejandro Borensztein volverá a publicarse en febrero.

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