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domingo, 24 de febrero de 2013

Los riesgos de la ambición política POR GUSTAVO SIERRA

Los riesgos de la ambición política

POR GUSTAVO SIERRA

Las figuras políticas envejecen prematuramente, se enferman y se deprimen durante sus mandatos. Cuatro presidentes argentinos murieron en el cargo y otros seis sufrieron graves dolencias.
Metamorfosis. Los efectos de la vida política en los rostros de los políticos.


Ejercer cualquier tipo de poder envejece en forma prematura y puede llegar a enfermar. O, por lo menos, deja a los hombres con el pelo blanco, a las mujeres con enormes bolsas bajo los ojos, fatigados, deprimidos y en casos extremos -aunque muy extendidos en América Latina en los últimos años- puede causar un cáncer o acarrear desórdenes psicológicos. En Argentina hubo muertes traumáticas como la de Juan Perón en 1974 y se mantuvo al país “en vilo” por afecciones cardíacas de casi todos los últimos presidentes.
De acuerdo a 20 años de experiencia clínica en la Escuela de Medicina de la Universidad de Stanford y la Universidad de Maryland “el estrés que sufre la mayoría de las personas que ejercen alguna función pública podría producir un envejecimiento celular (estrés oxidativo) con rangos de 9 a 15 años por encima del estandar ”. Y otro estudio del doctor Michael Rizen del Instituto de Buena Salud de la Clínica Cleveland dice que las personas que ejercen cargos de gran responsabilidad pueden llegar a envejecer dos veces más rápido que el promedio en los momentos de mayor crisis.
Otro trabajo del doctor Jay Olshansky, de la Universidad de Illinois, publicado en el “Journal of the American Medical Association” en diciembre de 2011 revela que de los 34 presidentes estadounidenses que murieron de causas naturales, 23 lo hicieron superando la expectativa de vida promedio.
Uno de los signos más significativos del stress del poder es que los hombres vayan encaneciendo mientras están en el poder. Uno de los últimos casos relevantes es el de Barack Obama. “Mi abuelo estaba totalmente canoso a los 29 años”, explicó Obama. “Ya sabía que me iba a pasar a mí. Y me sucedió mientras estaba en la Casa Blanca”. Todos los expertos consultados sobre este caso coinciden en que el factor preponderante en el encanecimiento del cabello o la calvicieson los genes. Se trata de una característica que heredamos. Sin embargo, el dermapatologista de la Universidad de Tennessee, Andrezj Slominski, dice que en el caso de los hombres que llegan a un alto cargo político, así como otras personas que sufren graves situaciones de crisis, “hay firmes evidencias que está conectado el stress y las canas ”. El ejemplo más claro es el de los soldados que regresaban de la Segunda Guerra Mundial y veían que sus cabellos se ponían blancos en unos pocos días.
Y no son sólo canas. La Fundación Española del Corazón advirtió que “ los políticos tienen más probabilidades de sufrir una cardiopatía que el resto de la población”. Y agrega que “el stress psicológico provocado por una campaña electoral aumenta considerablemente el riesgo de padecer enfermedad coronaria, isquemia cardíaca o accidente cerebrovascular”.
En América latina, con sus sistemas presidencialistas queconcentran demasiado poder en una sola persona, en los últimos dos años se registraron graves enfermedades entre los presidentes.
Fernando Lugo de Paraguay, Hugo Chávez de Venezuela y Dilma Rousseff de Brasil (cuando era ministro, antes de asumir) sufrieron de cáncer.
El nicaragüense Daniel Ortega y el haitiano Michel Martelly estuvieron también en tratamiento por enfermedades graves pero no especificadas. Evo Morales de Bolivia y Rafael Correa fueron operados de sus rodillas.
Cristina Kirchner fue diagnosticada con un “ carcinoma papilar en lóbulo derecho de tiroides”. Y resultó que fue extirpado sin necesidad. Desde entonces, viene sufriendo descompensaciones frecuentes.
Néstor Kirchner murió por una falla cardiovascular muy poco después de dejar el poder (ver recuadro).
David Owen, médico neurólogo, parlamentario durante 26 años y dos veces ministro de Gran Bretaña, escribió un famoso ensayo, “En el poder y en la enfermedad”, donde denomina como “hybris” la “enfermedad del poder”.
La palabra de origen griego fue mencionada por Esquilo quien decía que los dioses envidiaban el éxito de los humanos y mandaban la maldición de la hybris a quien estaba en la cumbre, volviéndolo loco. Describía a la hybris como “la desmesura, soberbia absoluta, pérdida del sentido de la realidad”. Owen dice que esto está conectado con el fenómeno del “pensamiento de grupo” por el que una persona en el poder se rodea de un pequeño círculo de acólitos que celebra en forma desmesurada las opiniones propias al tiempo que rechaza cualquier argumento y demoniza las opiniones ajenas. Owen asegura que esto crea patologías físicas y síquicas.
Pone como ejemplo a George Bush y Tony Blair quienes se envolvieron en sus propios argumentos y empujaron al mundo a la guerra de Irak en base a mentiras. Inmediatamente después de que tomaran esa decisión, ambos comenzaron a tener un envejecimiento prematuro.
El primer ministro noruego Kjell Magne Bondevik fue el único alto funcionario que aceptó que estaba afectado por una enfermedad mental mientras ocupaba su cargo. Asumió en octubre de 1997 y diez meses más tarde anunció que padecía un episodio depresivo y se tomó una licencia de un mes para recuperarse. Regresó y hasta fue reelecto. El doctor Ashley Weinberg de la universidad británica de Salford hizo un seguimiento durante 15 años de la salud de centenares de miembros del parlamento. Resultó que la gran mayoría sufren de un fuerte estrés y elevados niveles de tensión psicológica que les causan fatiga extrema y dificultades en el sueño. “Esto provoca ansiedad, depresión y, por cierto, lleva a tomar decisiones erróneas. Algunos no se encontraban capacitados para tomar decisión alguna”, explicó Weinberg al diario The Guardian.
Según informes médicos desclasificados en Estados Unidos el 29% de todos los presidentes sufrieron trastornos psicológicos estando en el cargo y el 49% presentó “rasgos indicativos de trastorno mental” durante algún momento de sus vidas. Este es un porcentaje alto si se lo compara con el promedio de la población mundial que la OMS coloca en el 22% e indicaría que entre las personas que están en el poder hay una mayor tendencia al desequilibrio psicológico.
Los documentos muestran que Lincoln y De Gaulle sufrieron depresiones profundas; Theodore Roosevelt, Lyndon Johnson y Churchill tuvieron trastorno bipolar; Khrushchev, hipomanía; Nixon y Yeltsin, depresiones, euforia y delirio por su alcoholismo.
Todos ellos y muchos más intentaron ocultar de cualquier manera sus dolencias. Una prerrogativa que se va perdiendo gracias al avance de las comunicaciones pero que todavía funciona, por ejemplo, en Cuba donde poco y nada se sabe de la salud de Fidel Castro o del presidente venezolano Hugo Chávez que se atendió allí de su cáncer. Tal vez, el caso más significativo en el último siglo fue el de Franklin Delano Roosevelt, que contrajo poliomielitis a los 39 años y quedó paralítico. A pesar de eso fue elegido presidente tres veces sin que la enorme mayoría de sus votantes jamás supiera que se trataba de una persona minusválida. De las 35.000 fotos que se conservan en los archivos de sus 12 años en el poder apenas dos lo muestran en una silla de ruedas.
Y el otro caso extraordinario es el de John F. Kennedy, que tenía un aspecto juvenil y muy saludable pero que padecía de unainsuficiencia crónica de sus hormonas denominada enfermedad de Addison, que le provocaba enormes dolores. Para soportar los dolores de espalda le inyectaban procaína hasta tres veces al día.
Pero al mismo tiempo, la vida de JFK muestra también que se puede gobernar exitosamente a pesar de las enfermedades. A Kennedy prácticamente le habían dado la extremaunción en 1947 y tuvo que aparecer un asesino en 1963 para terminar con su vida.
Francois Mitterrand asumió en Francia con un cáncer de próstata y le daban tres años de vida. Terminó ejerciendo el poder plenamente durante 15 años.
Todo esto es posible por las características psicológicas de los políticos. “No todo el mundo tiene condiciones personales o el interés de actuar para ganar y ejercer el poder. Esta receta combina una buena dosis de narcisismo, vale decir, amarse a uno mismo y sentirse el centro de la creación, cantidad necesaria de psicopatía, lo que implica la capacidad de utilizar a otros en beneficio propio y carecer de culpa por la implementación, abusiva o no del otro”, explica el doctor Harry Campos Cervera, de la Asociación Psicoanalítica Argentina (APA). Estas características pueden ser fuente de trastornos psicosomáticos que entran dentro de la descripción de la personalidad típica de un político. Para la doctoraLía Ricón, directora de la carrera de Psiquiatría de la Universidad de Buenos Aires, “en general los políticos llamados carismáticos que seducen multitudes tienen rasgos por una parte histriónicos y por otra, narcisistas. Necesitan sentirse muy importantes y como dicen habitualmente estas personalidades “especiales”, “únicos”, “salvadores” de la humanidad. Hablan con gestos exagerados con los que impresionan a muchos. Necesitan mantener un perfil alto y muy frecuentemente se deprimen cuando salen de la escena política”.
Sin embargo, no se requiere ningún tipo de certificado médico para ejercer la presidencia o cualquier otro puesto de poder en ningún lugar del mundo. Algo que lleva al doctor Campos Cervera a hacerse una pregunta muy básica: “para manejar un auto, una moto, un avión, un arma o hasta cargar bolsas en un supermercado, se solicita al postulante un test de actitud psicofísica ¿por qué no pasa lo mismo con los que pretenden conducir una Nación?”.

Una manga de troncos POR ALEJANDRO BORENSZTEIN

Una manga de troncos

POR ALEJANDRO BORENSZTEIN

 

 Se supone que los dirigentes de un país se realizan y trascienden cuando logran el bienestar común. El resto de los asalariados y monotributistas nos realizamos y trascendemos según el viejo apotegma: tener un hijo, escribir un libro y arrancar un árbol.

Hoy en día cualquier pavote tiene un hijo, y ni hablar de cuántos escriben. En cambio arrancar un árbol es mucho más complicado. Por eso, la discusión en la Argentina ya no es la inflación, la inseguridad, los abusos de poder, ni nada de eso.

Ahora el asunto de fondo son los árboles. Sobre todo desde que el Compañero Mauri, dado el éxito del Metrobús en la Juan B. Justo, no tuvo mejor idea que hacer otro en la 9 de Julio. En este caso, el tema es un poquito más delicado y vas más allá de un problema de tránsito. Debería haber hecho un concurso o consultado con los principales arquitectos y urbanistas del país pero bueno, ya sabemos que consultar y tener en cuenta a los que más saben no está en el diccionario de la Real Academia Política Argentina. En eso también el gobierno kirchnerista ha hecho escuela.

El lío se armó porque justo en el camino se le cruzaron unos árboles peronistas y no hubo más remedio que transplantarlos. El gobierno nacional vio en este asunto la veta para embestir contra Macri, y mandó a toda su falange propagandística neofascista (cada vez más grande, más cara y más inútil) a pegarle por sacar los árboles del campo popular que impedían la obra. Macri no tuvo mejor idea que contestarles que, mucho antes, el kirchnerismo arrancó cientos de árboles gorilas para construir Tecnópolis. El gobierno se puso como loco y Parrilli dijo que Macri era un mentiroso y un vago irresponsable. Una redundancia porque, como todo el mundo sabe, los vagos siempre son irresponsables, sino no serían vagos. Pero estos kirchneristas están tan cabrones que ya dicen cualquier cosa.

Aníbal Fernández agregó que “mientras el mundo va hacia el subterráneo, a Él (en este caso Él vendría a ser el famoso “vago irresponsable”) se le ocurre semejante obra”. Parece mentira que llamen “semejante obra” a dos carriles de morondanga con veredas a los costados, algunos bancos con techito y un farolito con un papelero cada 50 metros. Todos hablan del Metrobús como si fuera el Eurotúnel que une Francia con Inglaterra por abajo del Canal de la Mancha. En fin, es lo que hay.

Desde el PRO, la diputada Laura Alonso se despachó contra Aníbal Fernández: “Es el primer burro con bigotes que conozco”. Poco mundo, yo conozco un montón.

Así siguió este debate académico hasta que el viernes 15 la Compañera Jefa sentenció: “Los árboles son sagrados”. En realidad son sagrados ahora, porque según Greenpeace, la WWF (World Wildlife Foundation) y varias organizaciones más, en los últimos 10 años se talaron en la Argentina 2.500.000 hectáreas. A 1.500 árboles por hectárea, son aproximadamente… 3.750 millones de árboles!! Si calculamos que un árbol mide un promedio de 15 metros y los ponemos a todos en fila tendremos 56.200.000 km de árboles (3.750.000.000 árboles x 15 metros / 1000 metros). Exactamente la distancia de la Tierra a…. Marte!! (durante el perihelio del 27 de agosto de 2003 a las 9.55 AM (GMT) la distancia a Marte fue de 55.800.000 kilómetros, y el que no me cree que le pregunte a Moreno que es un genio y sabe de todo).

Toda esta cuenta es para explicar que cuando la Compañera Jefa dijo el viernes a la mañana que los árboles son sagrados, quiso decir que lo eran a partir de ese día, porque hasta el jueves a la noche se cagaban en los árboles más que en Clarín, en Nación, en Perfil, en Binner y en Scioli juntos (próximamente, en la Constitución Nacional también). Para ser justos, vale lo dicho también para gran parte de la clase política, salvo Bonasso, Pino y alguno que otro más. La ley de bosques dio vueltas 3 años entre el Congreso y el gobierno hasta que se promulgó. Se ve que ahora les sobran los troncos.

Tampoco es cuestión de darle al gobierno con un palo. Si no pueden controlar los arbolitos de Florida que venden los verdes a 7.80 no pretendan que controle lo que pasa en el Impenetrable Chaqueño.

¿Quién voltea más árboles? ¿Dónde los ponen? ¿Los tendrá Cristóbal López? ¿Qué oscuros intereses se esconden? Si esto sigue así, ¿dónde irán a mear los perros argentinos? Es por todo esto que propongo, desde este humilde espacio, la creación de una Comisión de la Verdad. No queda otra.

En primer lugar, habría que conformarla con 5 especialistas: dos por parte de los árboles, dos por parte de los leñadores, y uno de común acuerdo. ¿Plazo? Ninguno. Si el acuerdo con Irán no contempla ningún plazo… ¿qué importancia tiene poner un plazo para esta pelotudez?

Luego habría que remitirles todos los expedientes. Facilísimo. Por ejemplo, en el tema Irán dicen que hay como 120.000 folios (240.000 carillas) que serán enviados en dos o tres aviones Hércules, previa traducción al inglés y al farsi. Calculando que un tipo puede traducir alrededor de 50 páginas por semana, poniendo 100 traductores necesitás 50 semanas, o sea un año. Luego otro añito más para traducirlo del inglés al farsi, y recién ahí la comisión se pondría a estudiar el expediente. Teniendo en cuenta que de los cinco ñatos hay dos que hinchan por Irán y uno que quiere el empate, se van a tomar como mínimo otro año más.

Si esto no es tirar la pelota afuera, que me expliquen qué es. Mientras pasen estos años, los leñadores (al igual que los iraníes) dirán que los árboles se arrancan solitos y que ellos sólo usan hachas para cortar la pizza cuando viene medio quemadita. Eso hemos firmado y aprobado. Como se ve, en la Argentina sobran los troncos, por llamarlos de una manera piadosa.

Pero no todos son troncos ni de madera. Cuando yo era chico atajaba bastante bien y soñaba con ser el arquero de Boca. Durante años lo volví loco a mi viejo para que me llevara a probar a La Candela, donde entrenaban los planteles xeneizes. Tanto le rompí las pelotas que un día me dijo: “bueno basta!! agarrá el buzo, las rodilleras (se usaban rodilleras) los guantes y vamos!!...” pero, pese a que él también era de Boca, no tuvo mejor idea que llevarme a probar al Monumental porque le quedaba más cerca. Una frustración que nunca superé. Mi ídolo de toda la vida fue Antonio Roma. Murió el miércoles. Esas idolatrías que uno abraza de niño y no se borran nunca más. Aprovecho el privilegio de ocupar esta página para despedirlo. Bajo aquellos tres palos de madera, ese hombre hizo feliz a mucha gente, se realizó y trascendió. Fue bueno para el mundo.

El árbol no le tapó el bosque.

Por sus críticas, Cristina pidió que renuncie Randazzo


Por sus críticas, Cristina pidió que renuncie Randazzo

POR NICOLÁS WIÑAZKI

Maneja Transporte, un área en crisis desde la tragedia de Once . Cuestiona el estilo presidencial, está enfrentado a De Vido y envió un mensaje a los familiares de las víctimas. Zannini logró que se quede.
 

Juntos. La Presidenta y el ministro Randazzo, en un acto en julio pasado. /DIEGO WALDMANN
 En medio del creciente escándalo por la masacre de Once, la presidenta Cristina Kirchner le pidió la renuncia al funcionario que está a cargo del sistema ferroviario, el ministro del Interior y Transporte, Florencio Randazzo. La medida quedó en suspenso después de una intervención del cada vez más poderoso secretario Legal y Técnico, Carlos Zannini.

El enojo de la Presidenta con Randazzo se desató hace veinte días pero se reactualiza en la semana en la que la tragedia de Once impactó como nunca antes en el Gobierno. Las disputas internas complejizan la marcha del plan gubernamental sobre una de las áreas más cuestionadas por buena parte de la opinión pública, el Transporte.

El viernes por la noche, en la Plaza de Mayo, miles de personas abuchearon a la Presidenta en el acto por el primer aniversario de Once. Un día antes, tras varios meses de no haber tocado en sus discursos el tema, la mandataria les mandó un mensaje público a los familiares de los 52 personas que murieron en el choque ferroviario más importante de las últimas tres décadas: ellos consideraron después que esas palabras fueron “hirientes”.

La relación de Randazzo con la Quinta de Olivos entró en una fase crítica. Desde hace varias semanas, frente a diferentes audiencias, incluso en reuniones políticas numerosas, el funcionario expresa opiniones muy negativas sobre el Gobierno nacional.

La Presidenta se molestó tanto con él que hace 20 días le ordenó al jefe de Gabinete, Juan Manuel Abal Medina, que le pida la renuncia. Según pudo saber este diario, Zannini frenó el pedido de renuncia a Randazzo: “La Presidenta está enojada, pero ya se le va a pasar”.

Randazzo sigue hoy en su puesto a pesar de que está incómodo con varias de las políticas oficiales. Por ejemplo: suele describir al estilo de conducción presidencial como demasiado cerrado y confrontativo.

El viernes, el ministro fue más conciliador con los familiares de las víctimas que el resto de los funcionarios: “El Gobierno está colaborando para que la Justicia llegue a las últimas consecuencias”, dijo.

Hace seis meses, Randazzo había ampliado su poder interno cuando la Presidenta trasladó a su ministerio el área del Transporte. A pesar de darle esas nuevas atribuciones, el funcionario no pudo designar a un dirigente de confianza al frente de la secretaría del sector, al mando de Alejandro Ramos, designado por quien él considera que es su jefe político, el ministro de Planificación Julio De Vido.

La relación entre Randazzo y Ramos es muy distante y está influenciada por la desconfianza. En enero, Ramos y la ministra de Industria, Débora Giorgi, encabezaron un acto para anunciar un plan de sustitución de importaciones del sector ferroviario. Randazzo no estaba.

El ministro además empezó a hacer público una disidencia que impacta en el corazón de la Quinta de Olivos: confronta cada vez más con Amado Boudou.

No importa que esté en una playa frente a turistas desconocidos o en un encuentro privado con compañeros de militancia: el ministro no oculta lo que piensa sobre el vicepresidente. “Es impresentable”, repite.

Paradoja: esa disputa interna quizás sea una de las causas de su permanencia en el Gabinete. Ocurre que su aliado Zannini comparte la posición crítica respecto al vice, aunque la difunde con discreción, una de sus cualidades.

A pesar de que ministro del Interior, y de que tiene a cargo la Secretaría de Asuntos Municipales, Randazzo quedó relegado del armado electoral en la provincia de Buenos Aires, que el Gobierno vehiculiza a través de los intendentes del distrito. La última reunión con jefes comunales bonaerenses fue encabezada por Boudou.

Hace 15 días, el ministro recibió en su despacho a un importante dirigente del PJ. Llevaba un largo rato de monólogo cuando su interlocutor lo frenó, sorprendido por lo que estaba escuchando en un despacho de la Casa Rosada: “Flaco, ¿no tenés miedo de que acá en tu oficina haya micrófonos?”.

Silencio doloroso Por Alfredo Leuco

ONCE, AMIA Y LOS EMBLEMAS PROFANADOS

Silencio doloroso

Personajes simbólicos de la lucha contra la impunidad se mantienen llamativamente callados. ¿Por qué?

Por Alfredo Leuco
24/02/13 - 01:33
 
Silencio doloroso
"Que la oposición no me sea indeferente..." León Gieco. Dibujo: Pablo Temes.
¿Dónde estuvieron el viernes Estela Carlotto, León Gieco, Martín Sabbatella o el rabino Daniel Goldman? ¿Qué argumento o cuál persona les impidió estar en la Plaza de Mayo luchando, como hicieron siempre, contra la impunidad, reclamando verdad, juicio, castigo y condena para los responsables de la muerte de 51 personas? ¿Qué ocupaciones los retuvieron durante todo un año para no producir algunos modestos gestos solidarios de cariño para los familiares de las víctimas? ¿Es posible que ellos, que edificaron su vida entrelazando esas banderas de los derechos humanos, hayan comprado esa perversa idea de que esos valores, que son universales, hoy tienen camiseta partidaria? No es mi intención cargar las tintas sobre estas cuatro figuras públicas. Las pongo sólo como ejemplo porque encarnan distintos orígenes. Cada uno es representativo de un tipo de expresión llamada progresista que al final de este proceso deberá rediscutirse para reconstruir el contenido vaciado de las palabras.
¿Quién es hoy progresista: Adolfo Pérez Esquivel y Nora Cortiñas o Hebe Bonafini? ¿El que defiende siempre la vida de todos o el que lo hace sólo de una parcialidad y en algunas ocasiones? ¿Quién expresa la lucha por la libertad de los artistas para decir lo que a cada uno se le antoje: Manuel Callau, Luis Brandoni y Juan José Campanella o Federico Luppi?
¿Quién busca la verdad y denuncia la corrupción del gobierno más poderoso desde 1983: Jorge Lanata u Horacio Verbitsky? ¿Investigar y tener una mirada crítica desde el periodismo sólo es válido cuando el gobierno de turno no nos simpatiza?
Este gobierno profanó algunos emblemas fundantes de nuestra mejor tradición democrática. Y lo han hecho en nombre del progresismo, de la izquierda y pronto, de la revolución bolivariana. Es triste comprobar que treinta años después de haber recuperado la República, todavía tenga vigencia el nefasto lema dictatorial: “El silencio es salud”.
A quienes nombré, sin ningún ensañamiento ni mala intención, repito, no les exijo nada en lo personal. ¿Quién carajo soy yo para reclamarle algo a alguien? Sólo menciono sus casos para poner en debate una de las novedades más nefastas que incorporó el kirchnerismo.
Se puede discutir si se trata de una virtud de estratega o de un defecto de amoralidad. Depende de qué lado de la ideologitis uno se ponga. Pero uno de los misterios más indescifrables de Cristina es cómo hace para obligar a que gente que fue muy valiosa, por acción u omisión, vaya en contra de su propia naturaleza.
Se entiende la manera en que la Presidenta sodomiza a los empresarios, por ejemplo. Muchos (no todos) tienen muertos en el placard. Evaden impuestos en pala, tienen trabajadores en negro, viven de la teta del Estado. Son ferozmente extorsionados y por eso callan con una cobardía inédita. Son carne de extorsión porque tienen cosas que ocultar.
Están claros los mecanismos que utiliza Cristina con gobernadores, intendentes o legisladores nacionales. Primero los obliga a tener perfil bajo, después les corta el chorro de los fondos, y, si con esto no alcanza, les niega la firma para que puedan conseguir un crédito, como ocurre con sus enemigos íntimos: Scioli, Macri y De la Sota. Los diputados y senadores dependen de la bendición de Cristina para renovar su banca y tiemblan ante su dedo pulgar que puede apuntar para arriba o para abajo según el verticalismo que exhiban.
Pero, ¿qué herramientas utiliza para fomentar que Carlotto, Gieco o Sabbatella miren para otro lado y no quieran ni ver el tren criminal en el que gran parte de los muertos eran nacidos y criados en el territorio del ex intendente de Morón? ¿Cómo hace para que el rabino Goldman se haya quedado mudo frente al pacto de Argentina e Irán? Ninguno se ha enriquecido ilícitamente ni creo que tenga algo tenebroso que ocultar. Todos hicieron un camino ético A de C (Antes de Cristina). Todos demostraron coraje en distintos momentos para enfrentar a la dictadura o para denunciar los negocios sucios de Menem. Nadie podría asociar sus apellidos a la impunidad. Y sin embargo, hoy han autodesactivado su propio ADN. ¿Qué les pasó? Los que iban en el tren eran en su mayoría trabajadores humildes y estudiantes. Por el lado del clasismo, no tienen excusas. Al principio, los familiares fueron sumamente respetuosos con Cristina. Me animaría a decir que la mayoría la había votado y algunos lo expresaron. No eran ni son un invento de Magnetto ni parte de la oligarquía destituyente. Una matriz corrupta de funcionarios, empresarios y sindicalistas los asesinó igual que a Mariano Ferreyra. La Presidenta, con su distancia y frialdad, fue construyendo a los familiares no como opositores, pero sí como gente sencilla que se sintió discriminada y maltratada. Por eso Cristina fue abucheada el viernes. Porque puso a los familiares en el freezer y luego los hirió, en lugar de abrazarlos junto a su corazón como hizo, por ejemplo, Dilma Rousseff ante un suceso similar en una discoteca cercana a Porto Alegre. No corresponde hacer psicologismo barato. Está claro, tal como también se vio en Cromañón, que Cristina tiene una dificultad seria para sentir el dolor de los demás. Pero la cuestión es más grave porque obliga a sus seguidores a tener la misma actitud, contradiciendo sus saludables trayectorias.
Podrán argumentar que la oposición política y mediática utiliza el caso de Once o de la AMIA para dañar al Gobierno que ellos defienden y al que consideran el mejor de la historia. Supongamos que sea así. ¿Qué les impidió a León o a Estela aparecer entre los familiares y decir: “Cristina es lo más grande que hay, pero quiero que haya justicia para los muertos de semejante masacre evitable”? ¿Dónde está la sensibilidad humanitaria para no hacer un acto en la estación de Morón? Hasta podrían haber movilizado a su militancia municipal y ponerse a la cabeza del reclamo de sus vecinos. El rabino Goldman fue capaz de criticar a Luis D’Elía cuando viajó a Irán para abrazar a los sospechosos del atentado. Pero ahora el líder de la comunidad Bet-El, que tuvo en Marshall Meyer al Pérez Esquivel de los judíos, no sale a la opinión pública con contundencia.
¿Podrían seguir apoyando a Cristina y marcar al mismo tiempo su disidencia sólo en un par de temas como Once y AMIA? ¿O el “vamos por todo” sovietiza e isabeliza las relaciones y el que no compra todo es expulsado culturalmente del colectivo cristinista? ¿Hay pánico de marchar rumbo a la Siberia de los disidentes? ¿Quién es más progresista: el rebelde o el sumiso? ¿Será ese el miedo que engendra el silencio?

El fútbol soy yo Por Tomás Abraham

PROPAGANDA Y CULTURA POPULAR

El fútbol soy yo

Por Tomás Abraham
24/02/13 - 01:30
 
Por qué no hay publicidad comercial y tan sólo propaganda gubernamental en Fútbol para Todos? Es de imaginar que la razón no se debe a la exigencia de alguna cláusula en la Ley de Medios. Es muy probable que el costo de la transmisión pueda ser solventado en gran parte sino en su totalidad por firmas privadas. Si esto así ocurriera, tendríamos una nada desdeñable contribución a la democracia por el hecho de que no se usa un canal público en beneficio de los intereses corporativos de un sector político que ocupa transitoriamente la Casa de Gobierno. Y haría más creíble la intención de que la ley apunta a una mejor distribución de los medios masivos de comunicación.
El fútbol televisado en las actuales condiciones, que permiten la apropiación de su imagen por el Estado, tiene su público. No son todos, son pocos. La mayoría de los argentinos hace otra cosa y ve programas diversos sin abocarse a mirar tres o cuatro veces por semana los partidos de la fecha. El 90% de los estadios está semivacío. Nos hemos habituado a que cante una sola hinchada porque otra tiene prohibida la entrada. El amistoso entre Rosario y Newell’s fue un caso extremo. Las hinchadas no se encontraron, los equipos no se enfrentaron, y sin verse la cara ni jugar, la violencia explotó en cada una de las canchas. Eso también es Fútbol para Todos.
Pero la palabra “todos” se usa mucho. Recordemos el ’78 y la fiesta de “todos”. Los que dicen que tienen a todos por detrás es porque quieren reventar a unos cuantos que se les ponen enfrente. El fútbol, todos lo saben, interesa cada vez a menos. Que radio Rivadavia transmita Barcelona vs. Getafe con su relator y el comentarista narrando en un estudio lo que ven por televisión y se comuniquen en exteriores con un cronista que anuncia un gol de Defensa y Justicia, muestra que el fútbol, antes que otras actividades lúdicas, se encamina hacia el modelo de Titanes en el ring. No son pocos los programas que hablan de fútbol en los que la puesta en escena es circense. No siempre entretenida, a pesar de los gritos programados por simuladores a bajo costo.
Macri dice que con esa plata quiere hacer escuelas. La Presidenta decía que con la 125 quería hacer hospitales. No van a hacer nada. De todos modos, el fútbol es de las pocas cosas que quedan para evitar nuestro mortal aburrimiento.
La tribuna popular es de adolescentes y patotas armadas. La platea es de una clase media que se desgañita con insultos hacia el equipo contrario, hacia el propio equipo, contra el referí, contra el técnico y contra el cuñado. El fútbol ya no es popular. El referente pueblo no es más que un símbolo de patanes de la cultura. Los llamados movimientos populares hace décadas que dejaron de serlo. Quedan pequeños grupos armados a las órdenes de caciques. Volvemos a la época anterior a la ley Sáenz Peña. El discurso nacional y popular es un fenómeno netamente burgués. Ni siquiera nac & pop. Funciona a puro pogo. Su “relato” chorrea resentimiento de clase media: envidia, venganza, cola de paja. A ningún obrero, trabajador, cuentapropista, monotributista, laburante en negro, le interesa lo que dicen Cristina, Abal Medina, Macri, Solanas, ni siquiera Moyano o el periodismo político con sus estrellas. La gente quiere laburo, que no la maten y que no la jodan. La única utopía de masas realmente existente.
La política nacional es la farándula de la burguesía mediatizada. Y el fútbol es parte de esa política. A los que nos gusta el fútbol, seguimos al Barça, al Madrid, al Manchester United y al City, queremos saber qué pasa con los jugadores de la Selección que juegan en Europa. Es el fútbol de los ricos, y padecemos nuestro pobre fútbol. Pero rinde. Es lo que nos queda.
Dicen que con la plata que se invierte en Fútbol para Todos se podría hacer otra cosa. Mentira. Con esa plata, ni este ni otro gobierno harían nada salvo “construir poder”; en argentino: distribuir prebendas. Es posible que Fútbol de Primera, en el 13, fuera una mejor solución dominguera al ver todos los compactos con sus comentarios en poco tiempo y con un ritmo, aunque ficticio, más dinámico. Al menos no veríamos los interminables partidos en los que se le pega a la pelota con la canilla. La calidad no importa. A veces, cuanto peor es un partido más divertido resulta. No es culpa de los jugadores, en su inmensa mayoría rehenes de contratos falseados, laburantes con sueldo atrasado y promesas incumplidas. La corrupción de los dirigentes tampoco importa. Es inclusiva. Parece que lo único importante es que le sacaron la exclusividad a Clarín. Pase lo que pase, nadie quiere olvidar el fútbol. Es el sueño de los que nada tienen. Los padres arremeten contra el técnico de infantiles porque no hace jugar al hijo. Los entrenadores dicen que ninguno quiere jugar de defensor. La meta es Messi. Etcétera.
Creo que en la Argentina nos hemos quedado sin tema. El Fútbol para Todos apenas lo es. Cada semana hay que inventar algo para llenar el vacío. A veces es una cosa truculenta, como el gambito jurídico con Irán, o hechos siniestros, como ciertos asesinatos bien seleccionados que tienen que ver con lo que se llama “tragedia” del Once. El resto es un verso hueco. Por pudor y vergüenza ajena, no hablaré de la polémica sobre los árboles de la 9 de Julio. A veces alguien nos despierta de este sopor rioplatense. Laura Ginsberg vuelve a hablar después de años y, como aquella vez frente al edificio de la AMIA, patea el tablero y desnuda nuestra hipocresía y nuestro conformismo bien ajustados al fraude moral y la estafa ideológica. Habla de lo que no queremos que se sepa: la conexión local. Pero el show debe continuar. Y continúa para los futboleros. Sigo siendo hincha de fútbol. Primero del mismo fútbol. Luego de la Selección. Después de mi club. Es una lástima que lo secuestre el Estado. Lamentable imagen usada por la Presidenta pero reversible. Es posible que el Gobierno no quiera que empresas que son parte del crecimiento económico del que tanto se jacta no aparezcan con su nombre en la torta publicitaria. Le sería insoportable que compitieran con la imagen redentora que da de sí mismo. No quiere que se sepa que no hace más que recaudar y confiscar lo que sectores productivos con sus obreros, técnicos, gerentes y empresarios generan cada día. Debe ser por eso que no quiere correr el riesgo de que petroleras, gaseosas, calzados deportivos, bancos, líneas aéreas, paguen el Fútbol para Todos con un dispendio que puede ser varias veces inferior al conseguido por “Bailando” de Tinelli. No quiere otros nombres junto al Fútbol para Todos. No lo quiere para todos, lo quiere para sí. Ni quiere que el negocio, la organización y la resonancia social del fútbol estén fuera de su tutela, manipulación y vigilancia.

Camaleón Por Pepe Eliaschev

Camaleón

Por Pepe Eliaschev | @peliaschev
24/02/13 - 01:25
 
A hoy, domingo, son exactamente 115 meses. Esos casi 3.500 días son los que transcurrieron entre aquel 24 de julio de 2003 y este 24 de febrero de 2013. Aquel jueves de hace casi una década, Néstor Kirchner, fiel a sus efusiones corporales, le palmeó el muslo derecho a George Bush. El episodio tuvo como escenario el Salón Oval, al que Kirchner accedió por primera y única vez. Su sucesora y cónyuge, Cristina, jamás accedió a ese sitio. Hacía apenas dos meses que el santacruceño había asumido la presidencia y en la Casa Blanca no sólo no se hicieron desear, sino que se apresuraron a invitarlo, recibirlo y manifestarle apoyo y simpatía. Ese Bush que lo recibía de tan buen talante acababa de iniciar la Guerra de Irak; fue en marzo de 2003 que empezó la invasión norteamericana.
Kirchner no lo podía ignorar, pero de todos modos fue y expresó su entusiasmo por Bush. El norteamericano felicitó a Kirchner por la recuperación económica. Se refería a lo que la Argentina había conseguido desde comienzos de 2002, con Roberto Lavagna al frente de la economía. “Siga así”, aconsejó Bush al argentino, antes de sugerirle que negociara un rápido acuerdo con el Fondo Monetario Internacional (FMI). “Bush nos dio apoyo irrestricto y sin condicionamientos”, aseguró Kirchner, según las crónicas de ese día desde Washington. Cuando llegó el momento de la foto, el santacruceño apoyó su mano sobre el muslo del texano, con calidez. Bush le aseguró a Kirchner que su primera visita oficial a los Estados Unidos sería un éxito. No bien el argentino entró al despacho político más importante del mundo, Bush lo tomó de un brazo, y caminando hasta una pared en la que se destaca un retrato del presidente Abraham Lincoln, le confió: “Siga así. Si ustedes se ayudan, van a tener un respaldo decidido de nuestro gobierno”.
Los norteamericanos hicieron los deberes. La plana mayor del gobierno republicano tomó parte de la cálida acogida a Kirchner, incluyendo el jefe del Tesoro, John Snow; el secretario de Estado, Colin Powell; la encargada de Seguridad Interior, Condoleezza Rice, y el secretario de Comercio, Robert Zoellick.
Cuando salió de sus treinta minutos con Bush, Kirchner estaba extasiado: “Fue una reunión excelente. Tuvimos una conversación muy franca con el presidente. Y nos dio un apoyo irrestricto, sin condicionamientos”. Los medios argentinos, que en ese momento eran todos hegemónicos, recogieron el entusiasmo del patagónico tras el espaldarazo del comandante en jefe de las Fuerzas Armadas, que en ese momento se desplegaban in full force en el Medio Oriente y Afganistán.
Los argentinos que estaban junto a Kirchner ese día pudieron enterarse por boca del presidente lo que le dijo el estadounidense: “Negocie duramente con el FMI. Pelee hasta la última moneda”. Kirchner había soltado su diatriba habitual, culpando de los males argentinos a los organismos multilaterales. Bush lo halagó: “La economía de su país es muy importante. Vamos a ayudar en todo lo que podamos las negociaciones que ustedes y el Fondo Monetario sean capaces de lograr”. Esas palabras las oficializó la versión del Departamento de Estado.
Como el pedido de Kirchner había sido claro, la respuesta norteamericana fue muy favorable. Kirchner pidió “comprensión internacional” para que la renegociación de la deuda no ahogara el recuperado crecimiento económico. No son interpretaciones. Kirchner blanqueó: “El apoyo del presidente Bush va mucho más allá del acuerdo con el Fondo”, dándolo ya como consumado. Eso sería, confesó Kirchner, el punto de partida de un camino “para tener relaciones excelentes y sinceras”.
Fue notable el entusiasmo de Bush. Felicitó a Kirchner por la recuperación vislumbrada en la economía argentina y en tres ocasiones remarcó que le gustaba el estilo del argentino. Curiosa empatía texana-santacruceña: “Somos muy parecidos. Usted y yo hicimos cosas que el establishment nunca se hubiese imaginado que haríamos”, le dijo Bush. Quien había sido embajador de Washington en los años de Menem, James Walsh, comparó ese día a ambos presidentes. En su perfecto castellano de tonada cordobesa, Walsh dijo: “Los dos son hombres del interior, tienen un estilo muy similar, sincero, franco. Ha sido una reunión muy pero muy exitosa”.
Para Bush, los logros del gobierno de Kirchner en sus apenas sesenta días de vida eran “la lucha contra la corrupción, la decisión por mejorar la Justicia y el trabajo decidido para controlar el terrorismo y el lavado de dinero”. El argentino devolvió gentilezas y dijo lo que Bush quería escuchar: expresó la firme decisión de la Argentina de apoyar la lucha contra el terrorismo internacional, tema clave para la Casa Blanca, considerando que todavía no se habían cumplido dos años del sangriento ataque del 11 de septiembre de 2001. Cristina, Lavagna, el canciller Rafael Bielsa y el nuevo embajador José Octavio Bordón fueron la escolta y el grupo de referencia de la cumbre Kirchner-Bush.
Broche de oro de ese día, al condecorar a Walsh, Kirchner confesó: “Encontramos en Bush una mano tendida muy fuerte, algo vital y significativo para nuestro país” y “sin condicionamientos”. ¿Mano tendida? Bush le fue sincero a Kirchner al hablar de corrupción y el argentino se deshizo en cordialidades para el número uno de la superpotencia capitalista. “Las empresas norteamericanas se quedaron afuera del proceso de privatizaciones argentinas por la terrible corrupción del Estado argentino. Es hora de garantizar reglas claras para todos”, prometió el argentino.
Esto fue en 2003. No pasó mucho tiempo para que Kirchner diera vuelta el guante. En la 4ª Cumbre de las Américas en Mar del Plata, noviembre de 2005, patrocinó una “anti” cumbre con Hugo Chávez, Hebe de Bonafini, Luis D’Elía y Maradona, mientras bandas desatadas, sin control alguno, vandalizaron a su antojo varias cuadras de la ciudad, en protesta por la llegada de Bush a la Argentina. La Casa Rosada hizo todo lo posible para hacer miserable la estadía del presidente norteamericano, el mismo al que dos años antes Kirchner le daba palmaditas en el muslo.
Así son, así fueron y así serán los Kirchner. Ninguna afirmación los compromete, ninguna acción los condiciona. Ese ingreso del ahora difunto ex presidente en el Salón Oval en 2003 es inimaginable hoy, con la Argentina evidentemente dispuesta a enrolarse en un bloque geopolítico en el cual hostigar a los Estados Unidos es condición imprescindible para dar la prueba de amor a los populismos demagógicos realmente existentes. Lo trascendente es la inmensa y peligrosa frivolidad que caracteriza estas promiscuidades: enamorados de Bush en 2003 y arrastrándole el ala a Chávez y a Irán en 2013, revelan la misma e inescrupulosa matriz de poder.

Lastimosa indiferencia Por Nelson Castro

INSENSIBILIDAD OFICIAL

Lastimosa indiferencia

Once y la desafortunada reacción presidencial. Contradictoria interpretación argentino-iraní. Tensión con Scioli y con docentes.

Por Nelson Castro
24/02/13 - 01:21
 
Lastimosa indiferencia
BAILANDO POR UN VOTO. Dibujo: Pablo Temes.
"La vida es así”, fue la desafortunada frase con la que Cristina Fernández de Kirchner intentó consolar a los familiares de las víctimas de la tragedia de Once en su poco feliz “Aló Presidenta” del jueves por la tarde. Fue la rúbrica penosa de una indiferencia lastimosa, que es la actitud que el Gobierno ha exhibido hacia la mayoría de los familiares de las víctimas y sobrevivientes de ese luctuoso hecho durante el año transcurrido desde aquel fatídico 22 de febrero de 2012. Otras frases ilustraron antes el desdén gubernamental: “Si esto pasaba ayer, la tragedia hubiera sido menor” (Schiavi); “Ahora viaja más gente porque tiene adónde ir” (Cristina Fernández de Kirchner).
Es sabido y está dicho en esta columna, y en tantas otras, que para la Presidenta los problemas que surgen en su administración son siempre culpa de algún otro. Si no son Clarín y Héctor Magnetto, son los gobiernos anteriores o algún otro ser perverso que ande dando vueltas por donde fuere. El drama de Once está representado por las 51 muertes –a la que hay que sumarle los 700 heridos– que podrían haber sido evitadas si, desde el Ministerio de Planificación y la Secretaría de Transporte, se hubiera prestado atención a los pormenorizados informes de la Auditoría General de la Nación, en los que se detallaban los innumerables problemas de mantenimiento que tenía –y tiene– el Ferrocarril Sarmiento. Para ser más específicos, hay que recordar que el ítem de los frenos está descripto en uno de sus informes en el que se denunciaba la existencia de unidades con falta de manija de frenos de emergencia, freno de mano inoperante y volante de freno de mano faltante.
Pero nada de eso se hizo. Y de ese no hacer nada emana la responsabilidad política del Ministerio de Planificación. Por eso es que suena raro que estén judicialmente incriminados dos ex secretarios de Transporte –Ricardo Jaime y Juan Pablo Schiavi– y no el ministro Julio De Vido. ¿Alguien puede creer que un hombre tan celoso de su área como el ministro podía ignorar todo lo que estaba pasando en el Sarmiento? ¿Es posible que, ante la magnitud de fondos asignados a ese ramal, De Vido no prestara atención a las deficiencias que allí se verificaban? El ministro del Interior, Florencio Randazzo, bajo cuya órbita está ahora el área de Transporte, ha sido lapidario. En estos días reconoció que el Sarmiento está así porque nada se había hecho en los últimos cincuenta años. Por si alguien no lo entendió bien, hay que decir que durante diez de esos cincuenta años gobernó el kirchnerismo. ¿Saldrá De Vido a criticarlo o a descalificarlo como hace cuando esas mismas cosas las dicen los ciudadanos de a pie?
Mientras se vivían las vísperas del primer aniversario de la tragedia ferroviaria, otra tragedia recobraba vuelo en la atención de la opinión pública: el memorándum de entendimiento sobre la investigación del caso del atentado a la AMIA entre la Argentina e Irán el que, cuanto más se lee, más parece augurar de todo menos la posibilidad de que se haga justicia. Hay un dato clave que ha quedado plasmado en las declaraciones de estos últimos días: la interpretación que hace del acuerdo el gobierno iraní no es la misma que la que hace el gobierno argentino. Veamos:
  • Irán sostiene que la Comisión de la Verdad deberá evaluar las pruebas existentes en la Justicia argentina y que, a partir de ahí, recién emitirá su veredicto sobre si el juez Rodolfo Canicoba Corral y el fiscal Alberto Nisman podrán o no interrogar a los funcionarios iraníes incriminados en el atentado. El gobierno argentino sostiene lo contrario.
  • El régimen de Irán dice que, por hacerse en su suelo, a los fines de los interrogatorios regirá la ley iraní. El gobierno argentino insiste en que eso no será así.
  • El gobierno de Irán acusa a Israel de ser el culpable del atentado contra la AMIA. El gobierno argentino culpa de ese hecho a Irán.
A la luz de estas diferencias, ¿dónde está el acuerdo?
La sesión del Senado en la que se le dio media sanción a este increíble tratado desnudó el abismo que separa a la mayoría de los senadores del Frente para la Victoria de Amado Boudou. El jefe del bloque oficialista, Miguel Angel Pichetto, no sólo pretendió darle una clase de reglamento al vicepresidente –pocas veces como esa, el reglamento de la Cámara quedó tan a trasmano de la realidad política y social del país–, sino que buscó también humillarlo. La verdad es que nadie del bloque oficialista soporta a Boudou. Le critican su falta de respeto a las normas, el manejo dispendioso de los fondos y el haber colonizado el cuerpo con integrantes de La Cámpora que hacen gala de su soberbia y de la utilización de los recursos en beneficio propio. En lo personal, Pichetto tiene tres problemas: uno son las presiones a las que lo somete la Presidenta; el segundo, como queda dicho, es Boudou; el tercero es Aníbal Fernández. En la sesión del jueves, el ex jefe de Gabinete habló de un debate pobre y, a renglón seguido, el jefe del bloque oficialista dijo que el debate había sido enriquecedor.
La conflictiva relación entre el gobierno de la Nación y el de la provincia de Buenos Aires escala cada día un peldaño más. El déficit fiscal del primer estado argentino trepa ya los 12 mil millones de pesos. La Presidenta no tendrá más remedio que socorrer a Scioli. Lo que malhumora a Fernández de Kirchner es que nada de esa conflictividad afecta la figura de Daniel Scioli. Por el contrario, la buena imagen del gobernador no deja de crecer; según el último sondeo de una de las encuestadoras creíbles del país, ese crecimiento ha sido de cuatro puntos. El mandatario provincial ha dicho que no habrá de firmar ningún convenio con los docentes si no tiene los fondos que aseguren su cumplimiento. En sus cercanías sostienen que, hasta 2011, la Nación se hacía cargo del pago del 20% de los salarios provinciales, monto que ahora se ha reducido al 2%. Más allá de los aciertos y errores de Scioli, el reclamo que hace el gobernador por una reasignación de los fondos coparticipables –que significarían más recursos para la provincia– es justo.
Paradojas de la Argentina: tras asumir la Presidencia, el 25 de mayo de 2003, la primera tarea a la que se abocó Néstor Kirchner –que le valió un elogio unánime– fue solucionar el conflicto docente por entonces existente en la provincia de Entre Ríos. Diez años después, la Presidenta parece haber olvidado el simbolismo y el valor de aquel gesto.

Producción periodística: Guido Baistrocchi.

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